Sao Paulo, 20 jun (EFE).- El Palmeiras y el Botafogo, dos grandes del fútbol brasileño venidos a menos, reeditarán mañana el que fue uno de los partidos "clásicos" más apasionantes entre paulistas y cariocas, pero lo harán en la Segunda División y con sus quilates devaluados.
Estos dos equipos que, en conjunto, suman cinco títulos de liga en la primera división y decenas de torneos regionales, perdieron la categoría el año pasado en medio de sus más serias crisis de fútbol y de dinero.
El Botafogo, pese a su caos, ha comenzado a recuperar la ilusión y ocupa el cuarto puesto en la Liga de Segunda, con catorce puntos a uno de distancia del líder Avaí, que tiene un partido más.
Un triunfo en su visita a la casa del otrora peligroso Palmeiras lo mantendría en carrera por el primer lugar, que sería sólo del Botafogo si su eventual victoria se combina con derrotas del Náutico y el Sport, que tienen también catorce puntos.
El Palmeiras, por su parte, no se podrá dar el lujo de perder en su estadio y frente a una hinchada que este año sólo aceptará el regreso a la Primera División.
El equipo que hace unos pocos años inspiraba temores a cualquiera en Brasil y que era un asiduo invitado a la Copa Libertadores ahora está en la octava posición de la segunda categoría, pero con trece puntos. Una victoria ante su viejo rival carioca lo pondría como un serio aspirante al título que lleva a la división de honor.
El técnico del Palmeiras, Jair Picerni, que en los últimos años encumbró al Sao Caetano desde la Segunda División hasta una final de la Copa Libertadores, tendrá serias dificultades contra el Botafogo.
No tendrá por lesión al central Leonardo, su mejor hombre en la defensa, y tampoco al centrocampista de contención Fabio Gomes.
También está en duda la actuación del lateral derecho Alessandro y del portero Marcos, que fue campeón con la selección brasileña en el Mundial de Corea del Sur y Japón, y se recupera ahora de un estiramiento muscular.
En el Botafogo, el técnico Levir Culpi tiene menos preocupaciones en la enfermería, pero la "salud mental" de sus jugadores le tiene intranquilo.
Según el entrenador, su equipo golea un día y pierde por goleada otro. Esos altibajos le han llevado a pedir la contratación de un psicólogo, a fin de estabilizar las emociones de su plantilla y lograr que un buen resultado no dispare la confianza y que, además, una derrota no se traduzca en depresión.
"Una derrota en la Segunda aplasta al equipo, porque siempre es contra rivales sin ninguna tradición, y una victoria despierta la ansiedad por volver a Primera. No se hace nada fácil lidiar con esas emociones", dijo Culpi. EFE
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