
La vida de Eldrick Tont Woods cambió para siempre el pasado 28 de noviembre. Tal vez mientras su vehículo se estrellaba contra un árbol cercano a su casa de Orlando, en la Florida, Eldrick deseaba ser simplemente Eldrick, no el gran golfista profesional, Tiger Woods .
Cuando los deportistas que son elevados al Olimpo en vida caen, los ojos del mundo entero se posan en la sima para ver el espectáculo.
El paso de figura de culto a humano de Tiger ha estado marcado por una seguidilla de hechos bochornosos que involucra al golfista, a su esposa Elin Nordegren , a varias amantes del deportista y millones de personas en el mundo siguiendo paso a paso el escarnio público del jugador estadounidense.
En la memoria reciente hay pocos deportista que tan rápido hayan pasado de “modelo a seguir” a modelo público de lo que pasa cuando se es esposo infiel.
Quince amantes después de la noticia que sacudió las bases morales de un país y un deporte que siempre se ha considerado exento de escándalos, Woods ve al mundo desde un lugar desconocido.
Hace trece años, en 1996, Woods cambió para siempre un deporte de élite. De su negra mano el golf pasó de ser el entretenimiento de los que más tienen a ser un deporte seguido en los barrios pobres.
De un momento a otros los exclusivos campos donde se juegan los torneos empezaron a recibir a fanáticos que nunca se habían preocupado por el juego, pero que ahora veían en Tiger un héroe.
Obviamente, el oriundo de Cypress, California, se los hizo fácil.
En el terreno de juego ha ganado 71 veces en el Tour de la Asociación de Golfistas Profesionales (PGA) y fuera de ella se erigió como un marido y un padre de ejemplar.
Toda el aura angelical se derrumbó cual castillo de naipes.
Ahora, Woods es el blanco predilecto de los chistes que hacen los principales presentadores de los programas de entrevistas de las cadenas ABC, CBS y NBC.
El pasado 11 de diciembre anunció que se iba a alejar del deporte de manera indefinida.
Esto mientras ocupa el tercer lugar en la lista de victorias y se encuentra de segundo en majors .
El año pasado, cuando todavía vivía rodeado de adulaciones, Tiger se embolsó $110 millones, un hito para un deportista.
Hoy todo está en el olvido.
La esposa de Woods, la exmodelo Elin Nordegren está decidida a separarse del jugador, dijo una fuente a la revista People.
Por primera vez, su vida personal opaca su carrera deportiva.
Woods debe capear la tormenta del flagelo público y confiar que sus trasgresiones sean perdonadas, como las de tantos atletas que han caído de la gracia pública antes que él. Debe tener claro que su legado personal fue manchado, pero siempre está el golf.
Con un palo en la mano pocos se comparan a Woods, y su legado deportivo nunca será cuestionado.
Solo el tiempo dirá si Woods será recordado como el mejor golfista que vivió o uno de los adúlteros más célebres de la historia.