
Moscú. A los diez años el ruso Vladímir Krámnik, quien el viernes anterior se proclamó campeón mundial de ajedrez, ya era el mejor jugador de su ciudad natal, mientras que a los 24 puso fin a la hegemonía de Gari Kaspárov.
El ajedrecista ruso se proclamó monarca del primer torneo unificado desde 1993 tras vencer en desempate al búlgaro Vesselín Topálov .
El búlgaro era considerado el gran favorito, pero Krámnik contrarrestó tanto su ofensiva como sus reclamos fuera del tablero.
“La victoria en un torneo es importante, pero la dignidad lo es más” , declaró Krámnik tras el escándalo que se desató por sus frecuentes visitas al baño que estuvieron a punto de provocar la suspensión del torneo unificador.
Esa frase define el carácter quijotesco de este ruso, de 1,95 metros, y quien nació el 25 de junio de 1975 en la ciudad de Tuapsé, a las orillas del Mar Negro.
Su padre, pintor de profesión, le enseñó a jugar a los 5 años, a los 7 ya había ganado su primer torneo y en 1991, a los 16, el niño prodigio convertido en un adolescente ya había sido nombrado Gran Maestro.
En ese año, poco antes de la desintegración de la Unión Soviética, Krámnik se proclamó campeón mundial Sub-16 en Guarapava (Brasil), después de haber sido segundo dos veces (1989 y 1990).
Luego, como parte del equipo ruso, obtuvo medallas de oro en las Olimpiadas de Ajedrez en 1992 (Manila), 94' (Moscú) y 96' (Eriván).
Despegó. En 1994, en Nueva York, el maestro logró su primer título individual profesional al adjudicarse un torneo internacional de partidas rápidas, el Grand Prix Intel.
Pero, su mayor victoria hasta ahora llegó en Londres en el 2000, tras batir a Kaspárov en un mundial oficioso que se disputó al mejor de quince partidas, con dos victorias para Krámnik y 13 tablas.
Krámnik había acabado con la hegemonía del, quizás, más grande ajedrecista y por ello se le consideró el nuevo Anatoli Kárpov, el antiguo gran rival de Kaspárov.
Al igual que el retirado ajedrecista soviético, Krámnik es un genio en defensa, un magnífico estratega en juego posicional y un erudito, lo que le convierte en un clásico producto de la escuela soviética.
“El ajedrez es pura matemática, eso es todo” , señaló hace poco.
En los años siguientes, los especialistas le echaron en cara su falta de ambición y el hecho de que se negara a poner en juego su trofeo frente a los mejores del momento.
Pese a las críticas, en marzo de 2004 Krámnik ganó el XXI Torneo de Linares (España) , en el que participaron los mejores ajedrecistas del planeta, desde Kaspárov, a Peter Leko o Vesselín Topálov .
Krámnik y Topálov parecen destinados a dominar el ajedrez del siglo XXI con el permiso del indio Annand y el húngaro Leko.