Al tenista serbio Novak Djokovic de poco le servía ser uno de los jugadores más constantes y efectivos de todo el circuito de la ATP .
Ganar un par de títulos de Grand Slam, ser finalista de muchísimos torneos del Masters Series y cumplir en cada una de las facetas del juego no era suficiente para que el centroeuropeo pudiese ser considerado de la élite tenística.
Nadie dudaba de su nivel, pero arriba siempre tuvo a dos gigantes en las figuras de Roger Federer y Rafael Nadal (o al revés, como fue en tiempos más recientes), que ocupaban todo el espacio en la cima.
Incluso, uno podría argumentar que si Djokovic hubiese aparecido en otra época, desde hace rato tendría el privilegio de ser el mejor.
Pero le tocó compartir la era de esos dos “monstruos”.
No obstante, la paciencia y la maduración conllevaron a que en este año 2011, Djokovic presente un rendimiento de en sueño que ya desbancó a Federer y amenaza peligrosamente a Nadal como el número uno del mundo (este aún sigue protegido por sus triunfos en 2010, pero conforme avancen las semanas la brecha se va a acortar).
El serbio va invicto en la temporada, con una marca de 24 partidos ganados y cero perdidos.
Lógicamente, con tal registro, se deduce que ganó todos los torneos en los que participó.
Estos son el Abierto de Australia y los Masters 500 de Dubái y los 1000 de Indian Wells y Miami.
Ese desempeño lo tiene a solo un partido de igualar la marca de todos los tiempos, sostenida por el mítico Ivan Lendl en 1986.
Empero, la cacería de Djokovic deberá esperar, puesto que una lesión en su rodilla derecha lo dejó fuera del Masters 1000 de Montecarlo. Duro tropiezo en su acecho.
Podría regresar para el Masters 500 de Barcelona (inicia el 18 de abril) y sino para el 250 de su local Belgrado (arranca el 25 de abril).
Ya era uno de los jugadores más balanceados del circuito, pues tanto en defensa como en ataque su solvencia es de envidiar.
Sin embargo, se pulió en la devolución y ahora es catalogado como el mejor de todos en ese rubro.
Para hacerle un ace casi que debe combinarse la potencia del estadounidense Andy Roddick y la precisión del británico Andy Murray.
Con esa adaptación, su juego de fondo, su característica principal, toma una connotación totalmente que es lo que está marcándole diferencia en la cancha.
Otro factor fundamental fue que ahora juega con más calma. Maneja sus emociones y controla sus golpes en situaciones de apremio, lo que antes le fallaba.