Juan Diego Villarreal. 28 noviembre, 2019
Yahir y Yara Fiorella Moya Cortés, quienes viven en Carit de Puriscal, son parte de la escuelita de atletismo de Dixiana Mena. Foto: Rafael Pacheco
Yahir y Yara Fiorella Moya Cortés, quienes viven en Carit de Puriscal, son parte de la escuelita de atletismo de Dixiana Mena. Foto: Rafael Pacheco

Las enseñanzas de la entrenadora Dixiana Mena no se limitan solo para sus hijas Andrea y Noelia Vargas, a quienes clasificó a los Juegos Panamericanos de Lima 2019 y al Mundial de Atletismo en Doha 2019; además, está muy cerca de asegurarles un boleto a los Juegos Olímpicos de Tokio 2020.

En su natal Puriscal, la madre que no sabía nada de atletismo, pero que aprendió para guiar a sus hijas a cumplir sus objetivos deportivos, tiene una escuelita de atletismo, donde enseña a los niños.

Además, es una inspiración para las madres, que ven en ella un ejemplo a seguir. La mayoría de progenitoras son amas de casa.

Dixiana no solo les ayuda las otras madres con las prácticas, sino también las instruye con planes de entrenamiento y alimentación para que pueden ejecutarlos en sus casas, cuando ella no está o bien, los días que no asisten al estadio de Puriscal.

Las mamás prestan atención a sus instrucciones, con el fin de que sus hijos puedan seguir los pasos, algún día, de Andrea y Noelia.

La Nación conversó con tres de ellas, quienes ante la ausencia de sus esposos por trabajo, son las encargadas de sacar adelante la carrera de sus hijos, tal y como un día empezó Dixiana Mena. Ellas relataron los esfuerzos que realizan pese a sus limitaciones económicas.

Joselyn y Alexandra Guzmán Fallas están al cuidado de su madre Gabriela, en el barrio San Felipe de Puriscal. La mamá acompaña a sus pequeñas a los entrenamientos. Foto: Rafael Pacheco
Joselyn y Alexandra Guzmán Fallas están al cuidado de su madre Gabriela, en el barrio San Felipe de Puriscal. La mamá acompaña a sus pequeñas a los entrenamientos. Foto: Rafael Pacheco
Las prácticas son en el patio de la casa

En el barrio San Felipe, a unos siete kilómetros del centro de Puriscal, Gabriela Fallas está atenta para ir a traer a sus hijas, Alexandra y Joselyn de 9 y 12 años. Transita junto a ellas por calles de cemento y de lastre empolvadas con un terreno constante de ascensos. Les da de almorzar y después las pone a hacer sus tareas. Por la tarde les ayuda a cumplir con sus entrenamientos en el patio de su casa.

“Ellas empezaron en la escuela mixta de San Juan y desde pequeñas competían en campo traviesa. Pero un día nos recomendaron que buscáramos a doña Dixiana. Eso fue hace dos años y medio. Desde entonces mejoraron mucho en sus tiempos, especialmente Joselyn, la más grande, quien también compite en pruebas combinadas, mientras Alexandra está en el programa de Athetics Kits”, contó Fallas.

Como su esposo trabaja toda la semana lejos de casa, a doña Gabriela le toca velar por las prácticas de sus hijas, a las cuales les da seguimiento gracias a los planes de trabajo de la entrenadora, cuando no pueden asistir a la pista del estadio.

“Cuando Doña Dixiana está fuera del país, nos manda los planes y nosotras los cumplimos en casa al pie de la letra, como dicen. Aquí hay muchas cuestas y en el patio hay campo, además el terreno se presta. Ella nos enseña mucho y nos guía en todo lo que son las prácticas, es muy estricta para que se cumpla todo lo que nos pide. Mis hijas están muy motivadas, han mejorado mucho”, expresó Fallas.

Luis Jiménez y Daniela Sánchez, son los encargados de guiar los entrenamientos de su hijo Derek, quien es marchista en el grupo de la entrenadora Dixiana Mena. Fotografia: Rafael Pacheco
Luis Jiménez y Daniela Sánchez, son los encargados de guiar los entrenamientos de su hijo Derek, quien es marchista en el grupo de la entrenadora Dixiana Mena. Fotografia: Rafael Pacheco
La esposa del policía que vela por su hijo

No importan los tres kilómetros que debe caminar cuesta arriba Daniela Sánchez desde barrio Santa Cecilia de Puriscal, al Estadio Luis Ángel Calderón. Ella no le falla a su hijo Derek Jiménez, quien a sus 11 años, quien es uno de los pupilos de la entrenadora Dixiana Mena en la disciplina de la marcha.

Luis Jiménez, su esposo, trabaja como oficial de la Fuerza Pública en Santa Ana, por lo que pasa varios días fuera de su hogar. Sin embargo, su esposa no falta a los entrenamientos con Derek.

“Doña Dixiana es un ángel para nosotros. Ella lo ayuda mucha, es muy especial con él. Pero también es muy exigente y uno debe estar comprometida con los entrenamientos. Por eso que nunca le fallamos. Cuando no está mi esposo siempre lo voy a dejar, no importa si llueve o hace sol. La mayoría del tiempo caminando, porque debemos ahorrar para comprarle zapatos y cuidar su alimentación”, explicó Sánchez.

Cuando Luis está en casa lo lleva en moto y lo acompaña, sino es Daniela, quien se encarga de llevarlo a las prácticas y a las competencias. La familia se divide para colaborar en todo.

“A Derek, doña Dixiana prácticamente lo adoptó. Ella lo quiere mucho, pero también le exige en los entrenamientos. Desde los nueve años entrena con ella y con Noelia (Vargas). Él aprendió mucho y ha mejorado en sus tiempos. No es fácil, pero debemos cumplir con los planes de entrenamiento. cuando yo estoy trabajando mi esposa es quien se encarga. Mi hijo es muy disciplina y obediente", agregó el padre.

Yara Fiorella y Yahir Moya Cortés, escuchan atentas a su madre Aracelly Cortés (espalda), en compañía de Azucena López de Edunámica, en su casa en Carit de Puriscal. Fotografía: Rafael Pacheco
Yara Fiorella y Yahir Moya Cortés, escuchan atentas a su madre Aracelly Cortés (espalda), en compañía de Azucena López de Edunámica, en su casa en Carit de Puriscal. Fotografía: Rafael Pacheco
Orgullosa madre de sangre Chorotega

Al ingresar a la casa de Aracelly Moya en Carit de Puriscal, lo primero que se observa en la sala es una pizarra acrílica, divida en dos, con fechas y números. En ellas se pueden leer los nombres de sus hijos Yara Fiorella y Yahir, de 6 y 12 años respectivamente. Aquellos cifras son los planes de entrenamientos que la entrenadora Dixiana Mena les dejó a sus alumnos y los cuales deben cumplir los días que no van a entrenar.

“Como a mi esposo le gusta correr, una vez fuimos al estadio y nos llevamos a Yara. Cuando la vio doña Dixiana me preguntó de quién es, porque ella veía mucho potencial. Desde entonces la llevamos y ella empezó a practicar la marcha imitando los movimientos de Noelia. Lo hizo tan bien que aprendió la técnica. Eso fue hace año y medio y desde entonces estamos con doña Dixiana”, subrayó Moya

La mamá comentó que ellos son de Buenos Aires de Puntarenas, incluso confesó muy orgullosa que es de sangre indígena y descendiente de los Chorotegas, pero que por motivo de trabajo (su esposo es maestro) se trasladaron a vivir a Puriscal.

“Doña Dixiana es una persona muy especial, tiene una gran sabiduría y siempre nos está enseñando y motivando. Cuando no está o no es día de entrenamiento, cumplimos en la casa los planes que ella nos, tanto de Yara como de Yahir, quien compite en campo traviesa y además está en la selección de fútbol de su escuela. No es fácil porque a veces tenemos limitaciones económicas, pero yo le digo a mis hijos que el cielo es el límite, que no deben ponerse techo y le pongo como ejemplo a Noelia y Andrea”, relató Moya