“Quería conocerlo antes de que lo estrenaran; no es lo mismo venir después”, dijo Nelson Castañeda, quien se movilizó en bus desde El Tejar de Cartago hasta La Sabana.
El propósito de su viaje era uno solo: conocer en vivo y a todo color el Estadio Nacional que –hasta entonces– únicamente había visto por televisión.
En el lugar, Castañeda bordeó el recinto y se detuvo en varios puntos estratégicos para capturar, con la cámara de su celular, los detalles de la edificación que lo motivó a trasladarse hasta la capital.
La mañana de ayer, el ambiente en las afueras del Estadio Nacional se caracterizó por la presencia de una gran cantidad de curiosos que asistieron al lugar procedentes de diferentes partes del país.
Norman Alfaro viajó desde Filadelfia, Guanacaste, con su hermano y su padre, y, según contó–, el viaje valió la pena: “Venimos muy emocionados de conocer la estructura. Es impresionante, ojalá nos dure mucho tiempo”.
Los que no se fotografiaron, se tuvieron que conformar con caminar alrededor de la edificación, pues este viernes el ingreso al público estaba terminantemente prohibido. El premio de consuelo para los turistas criollos consistió en transitar, una y otra vez, alrededor del Nacional.
“Como no tuvimos la oportunidad de comprar entradas, vinimos a ver cómo estaba todo por acá, hoy (ayer) que no hay tanta gente. Se siente una víspera de fiesta...”, comentó el joven Anthony Matarrita, vecino de San Pedro.
Ansiosos por la inauguración, otros visitantes inspeccionaron las inmediaciones por fuera, preparándose para el día en el que podrán conocerlo por dentro. Wálter Navarrete, de Hatillo, fue uno de ellos. Ya tiene las entradas para el partido del próximo 29 de marzo, pero primero quiso ver el lugar de cerca: “Está bien bonito, hay que prepararse para venir acá a las actividades, estoy muy emocionado”.
En las calles que bordean el Estadio, el flujo vehicular se vio afectado por el “efecto mirón”, provocado por los conductores que, desde el carro, también sacaron la cámara para registrar al Estadio, horas antes de su estreno.
El papel de la Policía Municipal consistió únicamente en controlar las aceras del Estadio, pues, cruzando la calle, los revendedores podían hacer su agosto sin problema alguno. “De la raya amarilla para acá podemos vender y no nos dicen nada”, contó José Manuel Vargas, oriundo de Alajuelita.
Por su parte, los oficiales de Tránsito se encargaron de poner partes a los vehículos parqueados en las orillas del Estadio, mientras algunos empleados municipales se encargaron de limpiar las últimas áreas con basura.
Hoy a las 6 p. m., cuando comience la ceremonia de inauguración, Nelson Castañeda verá todo por tele, pero puede decir, orgulloso, que conoció el Estadio frente a frente.