Hay un récord de Claudia Poll que solo yo conozco y que no tiene trascendencia alguna en el libro de marcas: ella es la única deportista que me hizo llorar por sus logros.
La medalla de oro de la rubia nadadora en las Olimpiadas de Atlanta 96 me impactó como ningún otro acontecimiento de nuestro deporte nacional.
Y no dudo que el sentimiento fue el mismo para los millones de costarricenses que tuvimos la oportunidad de vivir tan brillante capítulo en la historia del país.
Por eso me parece triste la forma en que la principal atleta de nuestra historia se ha ido alejando de la vida pública.
Es cierto que Claudia siempre fue muy reservada con su vida privada, lo cual es respetable e incluso admirable, porque nunca hizo alarde de su popularidad ni del cariño que se granjeó entre los ciudadanos costarricenses.
También es claro que hubo acontecimientos que enredaron la carrera de la menor de las hermanas Poll Ahrens, especialmente el positivo en un caso de dopaje anunciado en el 2002 por la Federación Internacional de Natación (FINA) y por el cual tuvo que cumplir dos años de castigo.
Claudia nunca aceptó su culpabilidad y recusó el fallo ante el Tribunal de Apelaciones Deportivas (TAS), con sede en Suiza, sin que conozcamos aún el desenlace de dicha apelación.
Regresó alas competiciones en el 2004 muy lejos de los resultados que mostró en sus mejores épocas y en el 2007 se dio a conocer que dio a luz una niña.
Desde entonces sabemos casi nada de la vida pública de Poll, quien cumplirá 37 años en diciembre próximo.
Tuve la oportunidad de cubrir la carrera de Poll y de su entrenador Francisco Rivas durante seis años en los que aprendí muchísimo de cómo se prepara una verdadera atleta de élite mundial.
En mis 22 años como periodista deportivo nunca vi a nadie trabajar como ellos, con la dedicación, con la planificación y con la visión que los llevó a cosechar éxitos que quién sabe si algún otro tico logrará algún día.
Es por esos logros y por el significado que tienen para nuestro país que me parece una lástima que Claudia se retire tan calladamente, sin que se le brinde el reconocimiento que merece.
Y también sería lamentable que no se aproveche la experiencia y la capacidad de trabajo de Francisco Rivas, un personaje polémico pero con una capacidad y un talento del cual carece el deporte costarricense.
