
Este viernes 20 de marzo se dio a conocer el triste fallecimiento, a los 86 años, de Carlos Ray Norris, mejor conocido como Chuck Norris. Aunque el estadounidense dejó una huella imborrable en la actuación, también forjó una destacada carrera como karateca, una faceta que quizá resulta menos familiar.
Su recorrido en el karate profesional alcanzó la cúspide al coronarse campeón del mundo. Su trayectoria comenzó en la década de los años 60, cuando se integró al circuito de competencias de esta disciplina. Su primer gran éxito llegó en 1967, al alzarse con la victoria en el certamen All-American de S. Henry Cho, celebrado en el Madison Square Garden.
Posteriormente, Norris se consagró como campeón mundial de karate de peso medio en 1968, un cetro que defendió con éxito durante seis años consecutivos, hasta su retiro oficial de los tatamis en 1974.
Además, en 1969 se adjudicó la denominada “Triple Corona” de las artes marciales al registrar la mayor cantidad de triunfos en una sola temporada y fue galardonado como “Luchador del Año” por la revista Black Belt.
Por otra parte, el estadounidense no solo quedó marcado como un campeón mundial, sino que también fundó su propio estilo de combate, denominado Chun Kuk Do. Esta disciplina, conocida en la actualidad como el Sistema Chuck Norris, fusiona elementos del Tang Soo Do con técnicas de boxeo, lucha y jiu-jitsu brasileño.
Su camino en las artes marciales comenzó a los 18 años, cuando se enlistó en la Fuerza Aérea de Estados Unidos y fue destinado a Corea del Sur. Allí descubrió disciplinas como taekwondo, tang soo do, judo y hapkido, sentando las bases de una carrera que marcaría época.

Al regresar a su país, Norris continuó perfeccionando su técnica en deportes de combate como karate, boxeo y jiu-jitsu, hasta convertirse en una figura dominante. Su talento lo llevó a consagrarse campeón mundial de karate de peso mediano en siete ocasiones, consolidándose como uno de los peleadores más completos y respetados de su generación.
Uno de sus combates más recordados fue ante Joe Lewis, a quien enfrentó en 1967 en el Madison Square Garden de Nueva York. En aquel torneo, Norris destacó por su estilo rápido y agresivo, descrito en su momento por la revista Black Belt como un peleador impredecible y difícil de contrarrestar.
Su carrera en el cine tuvo un punto de inflexión gracias a su amistad con Bruce Lee, con quien entrenó durante años. Fue precisamente Lee quien lo invitó a participar en El furor del dragón, donde protagonizaron una de las peleas más icónicas de la historia del cine.
Sin duda alguna, el legado que deja este icono, tanto en la industria cinematográfica como en los deportes de contacto, será recordado por siempre.
