Guillermo Cañas empezó el 2007 desterrado en la posición 142 del ranquin mundial y con el prestigio hipotecado debido a una reciente sanción por dopaje.
Menos de tres meses después, el argentino es la sensación del circuito profesional. Para ello le bastaron dos partidos: las victorias consecutivas que consiguió ante el número uno del planeta, Roger Federer, una máquina de ganar que pone a temblar a cualquiera de sus oponentes.
Que Federer siga rompiendo récords y en algún momento llegue a ser el más ganador de todos los tiempos, seguramente ocurrirá tarde o temprano.
Pero a Cañas nadie le quitará lo bailado: cada vez que el suizo levante un nuevo trofeo en alguna parte del mundo, Willy podrá presumir: “Yo le gané dos veces”.
El primer logro llegó hace una semana en el torneo Indian Wells, justo cuando a Federer le faltaban cinco triunfos para empatar la marca de 46 victorias seguidas por el argentino Guillermo Vilas.
Por muy brillante que haya sido, este tipo de resultados siempre quedan bajo sospecha: que el número uno llegó en un mal día, que hubo exceso de confianza, que Cañas tuvo suerte ...
Todo quedó debidamente aclarado el martes anterior, cuando Federer volvió a morder el polvo en Miami ante el mismo rival.
Superación. Cañas, profesional desde 1995, forma parte de una exitosa generación de tenistas argentinos, junto a David Nalbandián y Guilllermo Coria, entre otros.
No obstante, en agosto del 2005 dio positivo por dopaje tras un torneo en Acapulco. Presentó una apelación y logró que se le redujera la pena original de dos años.
Volvió al circuito, pero parecía destinado a ser uno del montón. Hasta que le ganó dos veces a Federer en una semana, y pasó a ser la luminaria del momento.Se usó información de AFP, AP, EFE y atp.com