La imagen de Óscar “Macho” Ramírez bailando cumbia al ritmo de Los Ángeles Azules le dio la vuelta al país y se volvió viral en cuestión de segundos, la noche en la que Liga Deportiva Alajuelense levantó su estrella 31.
El hombre de semblante serio sacó los “pasos prohibidos”. Ahí se soltó las amarras y disfrutó de la fiesta en una noche mágica para el liguismo, pero también fue el preámbulo de una desaparición que muchos no entendieron al día siguiente.
Mientras cientos de aficionados rojinegros abarrotaban la calle ancha en Alajuela y esperaban ver a su líder en la carroza triunfal, en un recorrido que se demoró siete horas, Óscar Ramírez se encontraba en su casa.
Hoy, con la calma que solo dan los días de descanso, el técnico más ganador con el equipo masculino de Alajuelense contó el motivo de su ausencia en ese festejo del día después.
En una transmisión en vivo a través del canal de Youtube de la Liga, Óscar Ramírez sostuvo una conversación con el periodista del club, Daniel Sanabria, y ahí lanzó varias confesiones.
Para el “Macho”, vigilar el descanso es prioridad y prefería empezar a ahorrar energías desde aquel instante para lo que viene.
Entre sus anhelos, llevar una vida sencilla lo hace sentirse más cómodo, lejos de los focos. Él es el típico genio y figura... Pero aquel baile no fue un arrebato de locura.
Fue un pacto de camerino que tenía con sus jugadores. En medio de la presión asfixiante de un semestre que Óscar Ramírez califica como “bien complejo y de mucha responsabilidad”, sus futbolistas encontraron una grieta en su armadura, con una propuesta que le hicieron y a la que no podía negarse.
“Fue que con los muchachos habíamos hablado; me habían visto en algo bailando y me dijeron que si ganábamos, que bailara. Yo les dije: ‘Ganen y yo con mucho gusto’. Fue espontáneo”, confesó Óscar Ramírez.
Aquella cumbia significaba saldar la cuenta pendiente con un grupo que ganó ese último clásico ante Saprissa con marcador de 3-1, una victoria con la que Alajuelense alcanzó el título sin necesidad de gran final.
Sin embargo, tras la euforia nocturna, él optó por hacer lo que acostumbra en momentos determinantes: refugiarse en su casa con su gente y disfrutar a su manera.
Muchos se preguntaban por qué el “Macho” no estuvo en el desfile del día después, saliendo del estadio hacia la calle ancha y otros puntos de Alajuela.
Su respuesta se resume en un baño de honestidad sobre el paso del tiempo y la necesidad de paz tras la batalla.
“Yo por lo general no acostumbro a andar en eso, es muy cansado. Antes se hacía muy pesado después de los partidos ir a eso y era difícil”, admitió Óscar Ramírez.
Eso sí, admitió que una vez sí acudió a un festejo de esos para que sus hijos, que estaban pequeños, vivieran esa experiencia. Pero tampoco es que estuvo ajeno a cómo los jugadores celebraban con el liguismo.
“Mi paz y mi tranquilidad es irme para la casa, sabiendo que se cumple con lo que es y los muchachos son los que se merecen ese recibimiento que pareciera que estuvo muy bonito, se vio muy eufórico, compaginó tanto la afición con los muchachos y eso es lo lindo. Por tele vi algunos pasajes, pero para mí no; por la edad no, ya para siete horas en la carroza no estoy”, aseguró.
Mientras los jugadores disfrutaban a más no poder con el liguismo, él buscaba su propia medicina, que es su casa
Tras pasar la Navidad con sus padres en Belén, el técnico decidió marcharse junto a su esposa y dos de sus hijos hacia su querida Hojancha.

Era otro refugio, lejos de los medios de comunicación, de la táctica y de la locura en las calles. Él sabía que ese rincón en la pampa que conoció y se enamoró cuando jugaba con Guanacasteca, le caería bien.
Cuando Óscar Ramírez empezó a sospechar...
Mucha gente lo llamó para hacerle algún agasajo y él les respondía que les agradecía mucho, pero que quería tranquilidad y pasar desapercibido.
Pero incluso allí, aunque no era su intención, la sombra de su éxito lo persiguió. Cuando de camino paró a cenar en el restaurante Caballo Blanco, el hombre que quería pasar desapercibido fue reconocido de inmediato. Y lo cataloga como cosas de la vida.
“Ahí estaba una muchacha de allá que inmediatamente llamó diciendo que yo estaba por ahí. Entonces, yo sospechaba cuando la vi a ella, sospeché de que iba a haber esa intención (de un recibimiento en Hojancha). Yo le dije a la señora que parara antes, porque veía eso medio sospechoso, pero qué va, nos estaban esperando”, destacó.
En la conversación dijo que el recibimiento que le hicieron fue “muy bonito” y “muy cordial”.
“Uno entiende a la gente, lo que pasa es que yo no soy así, mi manera de descansar es tranquilidad, paz, volverse uno a recuperar. Uno entiende la emoción de la gente. Fue improvisado, pero quedó bonito”, rememoró.
Pero eso fue más que suficiente, él quería pasar desapercibido. Contó que había un tope y no fue, porque “había mucha euforia, mucha cosa”.
“Uno entiende a la gente, pero también tengo que pensar en mi manera, en cómo me recupero, cómo vuelvo a recuperar fuerzas. Y estuve ahí, donde unos vecinos, donde un amigo que tengo, por ahí anduvimos.
”A lo último sí salí, pero ya con el Hojancha que yo conozco, tranquilo, ya había pasado toda la situación de las fiestas y ese Hojancha es el que yo disfruto, cuando ando en la calle tranquilo, me encuentro a amigos”, comentó.
Insistió en que cuando hay mucha gente se abstiene de eso, y que el único motivo de evitarlo a toda costa es que simplemente así es su manera de ser.
“Ya lo que busca uno es paz mental, es un tema de intentar momentos sencillos, qué se yo, como tener un gallinero e ir a traer los huevos para el desayuno... vivir eso”, apuntó.
Pero todavía no es tiempo para el retiro. Hoy, el presente de Óscar Ramírez está con la Liga. Y su regreso al fútbol lo está disfrutando.

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