
Yo no quiero dejar de creer.
Mi abuelo siempre fue un cartago envenedado, toda su vida lo fue. Él era ingeniero de rutinas: de ir a misa de 7 los domingos y de comprar el mismo diario los miércoles de cada quincena.
Un día, después de una derrota, le pregunté: ¿por qué soportamos tanto bullying? ¿Por qué mejor no hacíamos las del vecino, quien se pasó a Saprissa o la Liga, para saber lo que era “ganar”?
Tito me respondió que yo podía hacer lo que quisiera, si eso me hacía feliz, pero que él nunca iba a dejar de ir al Fello Meza porque en lo único que se permitía ser irracional, me contestó, era en el fútbol. Mi abuelo murió hace seis años y nunca vio a Cartaginés campeón, pero tampoco dejó de creer. Yo ahorita tengo 28 y sigo creyendo.
Lo mismo me pasa con la Sele. Yo lo veo difícil, pero creo que el viernes le vamos a ganar a Brasil. No tengo ni la más mínima idea de cómo, pero confío a ciegas en los 23 jugadores que mandamos allá. El fútbol ya se ha encargado de demostrarnos que es irracional y por eso es lo más lindo del mundo.
Yo una vez vi a Senegal ganarle al campeón del mundo, también vi a Islandia, un país de 300.000 habitantes , arrebatarle la clasificación a los ingleses, a los mismos que inventaron esto de lo que usted y yo estamos hablando.
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Una vez me emocioné cuando Letonia le sacó un empate a Alemania y celebré cuando los gringos dejaron afuera a España en una Copa Confederaciones.
Nadie creía que hace cuatro años íbamos a eliminar a dos campeones del mundo, pero pasó y nos fuimos todos a la Fuente de la Hispanidad.
Las casas de apuestas no siempre tienen la razón y eso nos permite creer. Y ¿por qué no? ¿Por qué no le podemos ganar a un campeón del mundo otra vez? Son 11 contra 11 que juegan bajo las mismas condiciones.
El viernes puede pasar de todo. Puede ser que ganemos o puede ser que nos metan cinco. Puede ser que no celebremos ni un gol en este mundial y que regresemos a casa con una cara larga.
Puede ser que no encontremos el sustituto de Bryan, Celso ni de Keylor y volvamos a ser una selección modesta bajo el yugo de Estados Unidos y México. Puede ser que quedemos otra vez afuera de un Mundial con un gol de córner al 95′.
Puede ser que les llegue el turno a El Salvador, Honduras y Panamá para encontrar su generación dorada y nos pase las de Pérú, que tuvo que esperar 36 años para volver a cantar su himno en una Copa del Mundo.
Pero yo el viernes quiero creer que sí le podemos ganar a Brasil, porque si hay algo que aprendí de la persona que más me enseñó, es que el fútbol nos permite, por 90 minutos, ser irracionales.
Los veo en la fuente el viernes.
