Antonio Alfaro. 17 junio, 2018
17/06/2018 Estadio Samara Arena, primer partido de selección Costa Rica en RUSIA 2018 ante la selección de Serbia,
17/06/2018 Estadio Samara Arena, primer partido de selección Costa Rica en RUSIA 2018 ante la selección de Serbia,

Una vez pasados los memes, los sonrojos, la vergüenza ajena, el estupor nacional por la conferencia de prensa en la que Óscar Ramírez habla de Hazard como “el número 10”, permítame cuestionarme un momento quiénes son los verdaderos polos de esta parodia. Una vez perdido el primer partido en Rusia 2018, quizás es más simple ver lo verdaderamente importante.

Tampoco voy a sermonear en contra de los memes, algunos ingeniosos, inevitablemente divertidos, representantes de la idiosincrasia del tico, siempre atento al chiste como solución a todo. Alguno por ahí, me arrancó una sonrisa; por qué no admitirlo.

Pasando a lo más serio, el avergonzado pueblo tico de pronto no conoce a Óscar Ramírez, el timonel que desayuna, almuerza y cena videos. Por supuesto que conoce a Eden Hazard, mediocampista del Chelsea desde el 2012, “el número 10”, muchas veces pretendido por los grandes clubes del mundo. Por supuesto que conoce a Serbia, a Brasil y a Suiza.

Si Bélgica paseó a la Sele en el último fogueo, poco tiene que ver con la sencillez de “ese señor” al que llamamos el Macho. Diría, incluso, que su capacidad como técnico tampoco es en este momento más determinante que el nivel actual de los jugadores o el potencial de los equipos rivales.

Ramírez cometió el pecado de ser él, el mismo al que muchas veces hemos escuchado decir “el muchacho que juega por aquí”, “el número tal”, “el muchacho que juega por allá”, así en el campeonato nacional como en la eliminatoria mundialista. En Costa Rica, esa pintoresca forma de referirse a algunos jugadores nunca había sido asociada con ignorancia. Nadie se había sentido avergonzado. Sin embargo, bastó que lo hiciera en el fútbol internacional, para que todos nos sonrojáramos. Pendejadas. Es el técnico que salió del partido contra Serbia diciendo "no entiendo ese bendito VAR". ¿Vamos a decir ahora que Ramírez no conoce la tecnología del video-arbitraje? ¡Por favor!

Entiendo a la prensa internacional. Los reporteros de Bélgica o Inglaterra no conocen a Ramírez y escucharlo hablar de Hazard como “el número 10” parece una inusual evidencia de desconocimiento por parte de un técnico mundialista. A ellos los entiendo. Se preguntarán dónde ha estado ese señor chiquitito de frondoso bigote difícil de traducir.

Lo malo de Costa Rica no radica en desconocer cómo se llama
Lo malo de Costa Rica no radica en desconocer cómo se llama "el número 11", anotador del gol de Serbia, sino en el cambio drástico que necesita vivir una vez que recibe un gol. Le cuesta cambiar a un libreto más ofensivo. AP Photo/Natacha Pisarenko

No entiendo en cambio a los ticos, mucho menos a los periodistas, que de pronto se escandalizan, se indignan, se acongojan. Bastaba decirle al mundo: “así es Óscar Ramírez, pero tenga por seguro que estudia hasta el modo de andar de los rivales”.

Para la próxima, por qué no hacemos una cosa: ponemos de técnico al narrador estrella de la televisión que sí sabe pronunciar el nombre de cada rival. Entonces, en la conferencia de prensa nadie dudará de su conocimiento cuando le toque explicar cada derrota.

Seguramente habríamos perdido peor ante Serbia, pero con un sentimiento de orgullo nacional ante el culto técnico, que con perfecto acento serbio pronunciaría Milivojevic (el número 4), Mitrovic (el número 9), Ljajic (el número 22) y así desde el portero hasta el último del banquillo. Jamás diría "el número 11" para mentar a Kolarov. Ni qué decir "el número 6" al hablar de Ivanovic. Nadie le llamaría polo.

Polo —diría yo— aquel que se sonroja porque el timonel llame “el número 10” a la estrella del rival, dado el asombro de la prensa internacional. Como si no supiéramos que el técnico estudia de arriba a abajo a los rivales.

En todo caso, me importa poco, casi nada, si Ramírez no se atreve a pronunciar los apellidos de los rivales. Urge más que ponga todo su conocimiento para evitar penas en la cancha, al mando de una generación que tocó su gloria en Brasil 2014, pero que hoy llega cuatro años más vieja. ¿Tengo que ponerme a comparar jugador por jugador el nivel que tenía hace cuatro años y el que tiene hoy? Definitivamente, no; usted lo tiene claro.

Volviendo a lo del Macho... Hay técnicos que deleitan por su verbo, cierto. Nadie dice que no dé gusto tener un Guardiola, un conocedor de fútbol, que sorprendió a todos cuando fue presentado como técnico del Bayern Munich después de su paso por el Barcelona: había dedicado los meses previos a aprender alemán. Bien por Guardiola. Bien por gente de fútbol como Wanchope, quien nunca pasará por inculto, pero, ¿no será “chiquitico” eso de avergonzarse por la simpleza del Macho?