Minutos después de las 10 a. m. del domingo anterior, nos dirigíamos al Estadio Nacional a la despedida oficial de Juan Arnoldo Cayasso. No había carro en el periódico, por lo que tuvimos que tomar un taxi.
"Me da su nombre", solicité al conductor, a fin de llenar la boleta de transporte. "Adonay Alfaro", me respondió.
"Usted jugaba futbol, ¿verdad? Yo lo recuerdo con el Cartaginés", le comenté.
El hombre se transformó. Dejó la timidez a un lado y... "¡Claro! Teníamos un equipo bárbaro. Leonel, Wally, Fernando Jiménez, el Flaco Pérez. Yo jugué aquel partido de la media de Luis Chacón (1969). Prácticamente éramos campeones y, en el último minuto, va Luis y se jala esa guaba."
En el corto trayecto de San José al Estadio Nacional, Adonay nos dio una auténtica lección sobre cómo, según él, tienen que enfrentar nuestros seleccionados a Guatemala en el encuentro crucial.
"Es que en mis tiempos (década del 60) sí metíamos pata. No nos andábamos con vainas. Ojalá hubieran visto al Caballo Otárola. Jugaba con Uruguay y era durísimo. Ese hombre lo levantaba a uno y sin llegar al suelo ya le había pegado su buen mordisco.
"Para ganarles a esos carajos (los chapines) hay que volar tieso y parejo. Es cuestión de no aflojar", insistía. Entre tanto, tan fiebre como nosotros, por instantes Adonay se olvidaba de controlar el chunche y avanzábamos en zig zag. "¡Qué torta!, por venir conversando me metí mal y ahora no podré doblar de la Datsun hacia el estadio. Pero no se preocupen, ahí le hacemos un maguiver".
Dicho y maguiver, ¡directo al estadio! Tuvimos que dejar el taxi porque ya casi comenzaba el encuentro, mientras él insistía en su táctica fija. "¡Volarles, volarles, volarles!"
Y bueno, no se trata de tomar tan en serio las palabras de Adonay, un futbolista de cepa, de las viejas jornadas. Aunque, a lo mejor, algo de su táctica podría funcionar. Sobre todo la de su mayor insistencia: "¡No aflojar y meter pata!".
* (Cronista de La Nación).