Nueva York. Tiger Woods se adjudicó su segundo título del Abierto de los Estados Unidos, el octavo Grand Slam de su carrera, en el temible par 70 de Bethpage (Long Island) en Nueva York, después de un liderato continuado durante los cuatro días de competición.
El nuevo éxito de Tiger (277 golpes, tres bajo par), se fraguó tras dos primeras jornadas en las que acumuló una ventaja holgada, y la supervivencia del fin de semana gracias a la renta y a su inigualable manera de rematar las vueltas.
Para la batalla final, Tiger solo debía mantener a raya a tres hombres: el español Sergio García, que comenzó a cuatro golpes del líder; y sus compatriotas Phil Mickelson y Jeff Maggert, ambos a cinco.
Sergio se hizo pedazos en el primer choque frontal con Tiger. Era su sueño jugar al lado del californiano con un "Grande" en disputa, pero deberá esperar otra oportunidad.
Con García descartado y Maggert igualmente hundido, a Tiger solo le quedaba un hueso para roer: el zurdo Mickelson.
Pero Tiger nunca había perdido un "Grande" cuando afrontó la última jornada como líder.
Ni el azote primero del viento en Bethpage ni tampoco la tormenta posterior, que detuvo el juego durante 49 minutos, le hizo variar esa tendencia.
Rival repunta
Mickelson se acercó a un par de tiros después de su birdie (terminar el hoyo en un golpe menos que el establecido) en el par cinco del hoyo 13.
La suerte quizá podía sonreír por una vez al mejor jugador del mundo, que ya cayó en condiciones parecidas frente a Woods en el Masters de 2000.
Sin embargo, Tiger no iba a desperdiciar la oportunidad de igualar la marca de Nicklaus de 1972, único que había logrado ganar los dos primeros "Grandes" de la temporada.
En el hoyo 13, Tiger hizo eagle (dos bajo par en un hoyo) y embocó birdie.
A falta de 4 hoyos para terminar y 3 golpes de ventaja, el empuje del zurdo Mickelson se convirtió en una real quimera.