Ese rito del aplauso ... competir, llegar primero, ser el mejor. Y recibir el homenaje sincero.
A ninguno le era desconocido. Ni a Sylvia Poll, ni a Errol Daniels, ni a Carlos Tuta Cortés. Pero quizás el eco de sus últimos aplausos se había extraviado en algún recodo del laberinto del tiempo. Hasta anoche.
Ayer, los tres se reencontraron con el ritual de la ovación, que gradúa a un deportista como estrella y lo saca del montón.
Tuta , Errol y Sylvia fueron incorporados a la Galería Costarricense del Deporte en un elegante acto realizado a partir de las 8:37 p. m. en el Salón Dionisio Facio, del Club Unión, en el centro de San José.
El presidente de la República, Miguel Ángel Rodríguez, colocó medallas de oro a los nuevos inquilinos de la Galería y develó sus respectivas fotografías. Asistieron, además, el Ministro de Cultura, Juventud y Deportes, Enrique Granados, la Directora del Instituto Costarricense del Deportes, Delia Villalobos, y numerosos ex atletas.
Como parte de la actividad, se proyectaron documentales sobre la trayectoria de los tres deportistas. Así, Daniels volvió a vestir, por unos minutos, la camiseta de la Liga Deportiva Alajuelense, y por unos instantes volvió a ser aquel forajido del área que no perdonaba ningún balón suelto.
Sylvia retornó a la Olimpíada de Seúl88, el punto más alto de su brillante carrera, y ante el público ganó de nuevo aquella medalla de plata en los 200 metros libres.
Y Tuta Cortés se enfundó, a través del hechizo de la pantalla, su uniforme de motociclista, con el que se labró fama de tirano en las pistas de Latinoamérica.
Saliéndose del formato cuadrado que suelen tener los discursos en este tipo de actos, el Ministro de Cultura, Enrique Granados, ensayó un paralelismo entre los héroes de la mitología griega y esos deportistas que gambetearon la mediocridad y la ley del mínimo esfuerzo para hacerse un sitio entre los inmortales.
Para los tres, fue una noche de reencuentros: con sus amigos, con sus colegas ... con el aplauso recurrente y sincero que años atrás, muchas veces, en muchas partes del mundo, lograron atesorar como suyo.