París. Anastasia Myskina, de 22 años, nacida en Moscú, pasó ayer a la historia que refleja los grandes éxitos en el Grand Slam , al convertirse en la primera rusa en ganar uno de estos grandes, en Roland Garros.
De ojos verdes, morena, delgada, y 1,74 metros, con un aparato dental, su genio se esconde en una sonrisa que aparentemente no delata su fuerte personalidad y decisión.
En octubre del 2002 aceptó salir fotografiada, prácticamente desnuda, a lomos de un caballo en la revista GQ , donde también aparecían, pero más recatadas, su compatriota Elena Dementieva, justo a la que venció ayer con gran facilidad, 6-1 y 6-2.
Su película favorita es Como perder a un amigo en diez días y también Armagedon , y nació para el tenis en el club Spartak de Moscú, a sólo unos kilómetros de la Plaza Roja, de donde han salido la mayoría de las jugadoras rusas.
Myskina es una de las que se motivó en los duros y gélidos entrenamientos en esa instalación, contemplando los dos grandes y significativos carteles que cuelgan del techo, uno de Yevgueny Kafelnikov y otro de Anna Kournikova.
Allí compartió los consejos de Rausa Islanova, madre de Marat y Dinara Safina, y conoció a Dementieva.
Forma de ascenso
Como todas las representantes del tenis ruso, este deporte le ha servido como válvula de escape, y como gran medio para sobrevivir.
“No hay mucho dinero en Rusia, y muchas han aprendido que con el tenis se puede uno ganar la vida”, señaló Udo Cervelini, director del torneo de Filderstadt”.
Pero también les ha animado su carácter competitivo, algo innato. “Ser número uno del tenis ruso significa algo muy importante entre ellas”, comentó John Dolan, encargado de comunicación de la WTA.
Añadió que “es una rivalidad muy positiva porque todas quieren estar ahí. Son amigas, cenan juntas y han desarrollado un respeto entre ellas”.
El tenis ha sido utilizado por todas. Nadia Petrova, semifinalista en Roland Garros el año pasado, es hija del lanzador de martillo Victor Petrov y de la velocista Nadejda Ilina, bronce en los 4x400 de Montreal.