
La marcha del Tri mexicano hacia la siguiente ronda sufrió un inesperado revés ante una escuadra que hace las primeras armas en la historia de los mundiales.
En los papeles del entrenador azteca Ricardo Lavolpe estaba claro que Angola ofrecía la oportunidad propicia de sumar un nuevo triunfo, terminar de elevar la moral y; de paso, visar el pasaporte a los octavos de final.
Mas, el propósito de cumplir la triple misión se arruinó por completo ante unos africanos que, en varios instantes, incluso se atrevieron a tomar la manija.
El empate, con la pizarra en blanco, complicó las aspiraciones de México que ahora cerrará la primera fase ante Portugal: un rival que tiene mayor fuste en los grandes escenarios.
Una derrota azteca en el episodio contra el equipo lusitano y una victoria de Angola frente a los iraníes dejaría México sumido en la crisis y fuera de competencia.
Señal de peligro. Esa combinación, que podría materializar en la jornada final del grupo D (21 de junio) permitiría que los angoleños se metan al bolsillo una clasificación nunca antes saboreada. Por el momento, esa nación ya sumó el primer punto en 76 años.
Justo cuando parecía que el gol azteca era cuestión de tiempo y México estaba inspirado por la garra de Rafael Márquez (del Barcelona de España), los africanos adelantaron líneas para entrar en una disputa directa por la zona media.
La batuta ofensiva siempre estuvo en manos del Tri que pegó dos balones en los tubos, pero unas veces el azar y otras la impericia, se encargaron de que la pelota nunca traspasara la última raya.
El planteamiento táctico de los africanos repitió una propuesta similar a la ofrecida en el debut ante Portugal: el despliegue físico utilizado como socio del contragolpe que siempre buscó al inquieto Ankua como carta de peligro.
Los ímpetus iniciales de México se empezaron a moderar en la mitad de la primera parte, cuando el grupo entró en razón de que debía dosificar las expectativas.
Esta vez el ariete Zinha tuvo pocas oportunidades para desplegar sus tradicionales filigranas, Márquez bregó en solitario y el portero africano, Joa Ricardo, tapó al menos tres goles casi cantados.
Durante la recta final, Márquez y compañía apretaron de nuevo el ritmo, pero otra vez Joa Ricardo, la figura del guardameta creció aún más bajo los tres palos.
Ni siquiera porque jugaron en el último trecho con 10 hombres (roja a André) los angoleños soltaron las amarras. Para los mexicanos quedó una señal de peligro que podría deparar una amarga sorpresa.