MÚNICH. AFP y DPA. Tras una colorida ceremonia en la que participaron personalidades del futbol de todos los tiempos y que incluyó el discurso del presidente alemán Horst Koehler, el Mundial 2006 quedó oficialmente inaugurado ayer poco antes del puntapié inicial del partido entre los anfitriones y la selección de Costa Rica.
Junto al presidente germano se encontraba el de la FIFA, Joseph Blatter, y el del Comité organizador del torneo, Franz Beckenbauer. Como estaba previsto, ninguno de los dos habló.
Blatter no cuenta con las simpatías del público en Alemania, donde su imagen está muy deteriorada por acusaciones de corrupción. "Aunque tomara el micrófono y no dijera nada, igual me silbarían", había dicho días atrás el suizo, en medio de una polémica con Beckenbauer sobre quién hablaría finalmente en la ceremonia de apertura.
El problema se saldó de manera salomónica. Ninguno de los dos habló y el presidente alemán ni siquiera dio pie al público para silbar: no nombró a Blatter.
Para la anécdota quedaron los silbidos que parte del público dedicó al presidente cuando dio las gracias a la FIFA en su discurso, mostrando su desaprobación al organismo que rige el destino del futbol internacional.
"Declaro la Copa del mundo oficialmente inaugurada. Por fin comienza. Nos alegramos por tener más de cuatro semanas de futbol, futbol y futbol", dijo el presidente alemán desde una plataforma ubicada en el centro del campo.
El espectáculo. En el estadio mundialista de Múnich, con las tribunas repletas por casi 66.000 espectadores, 160 campeones mundiales de las últimas décadas que fueron homenajeados por la FIFA, acompañados por niños vestidos con la indumentaria de los equipos laureados, desfilaron sobre un tapiz rojizo que cubría el terreno.
Entre otras personalidades estaba el mítico Edson Arantes do Nascimento, O rei Pelé, y la modelo alemana Claudia Schiffer, quienes presentaron el trofeo del Mundial. Sin embargo, el que finalmente no se hizo presente fue el argentino Diego Armando Maradona.
En una segunda tanda desfilaron niños con las banderas de los países participantes en la decimoctava justa ecuménica, muchos de los cuales, vestidos con trajes típicos bávaros, bailaron cuando dio comienzo el espectáculo musical seguido al discurso oficial propio del acto protocolario.
El show, con una duración de media hora, fue concebido por el director del Teatro popular de Múnich, Christian Stueckl, quien lo articuló alrededor de un mensaje universal de llamado a la amistad, un homenaje a las leyendas vivas del balompié, y una síntesis de la cultura alemana, entre la tradición y la modernidad.