Cuatro goles en un estreno mundialista entonan; si, además, se los endilgan al equipo que sobre los papeles es rival fuerte de su grupo, pues el ego se robustece.
Y si le agregamos que el once funcionó como un mecanismo de relojería, entonces hay licencia para soñar con ir más allá de las fronteras usuales.
España cuajó una presentación redonda, sin fallos de bulto y se divirtió a costillas de Ucrania, que dejó una pobre imagen: 11 fantasmas vestidos de amarillo, que deambularon sin respuestas.
Con solo 17 minutos, el juego se había decantado: los goles de Xabi Alonso (13') y David Villa (17') -este con la complicidad de Andriy Rusol- desinflaron a los ucranianos, cuyo argumento de ataque fue Andriy Shevchenko; pero ayer naufragó, como el resto de sus compañeros.
El problema con Ucrania fue que respetó demasiado a España; es más, le demostró temor. Así no se puede porque esto es un Mundial.
Todo consumado. Los ucranianos trataron de hacer algo en el reinicio del cotejo, pero un penal (dudoso, hay que decirlo) de Vladyslav Vashchuk contra Fernando Torres los terminó de enviar a la lona.
El zaguero se fue expulsado y el 3-0 llegó al cobrar Villa (48') la pena máxima; así, la escasa resistencia de Ucrania quedó liquidada.
Si Villa encarriló a la Furia con su acierto goleador, Xavi se encargó de ordenar el juego español con propiedad e inteligencia y Marco Senna siempre se ofreció para jugar y ser la vía de salida. Alrededor de esos tres, el resto; todos con su guion aprendido.
Sin embargo, Carles Puyol se salió del libreto y sacó una jugada de lujo -como si fuera un "10"- que culminó Torres para el cuarto gol.
La Furia dejó un muy grato sabor de boca y a sus seguidores con el cántico: "¡Sí, sí, nos vamos a Berlín" (sede de la final).
Está bien la alegría, pero esto apenas empieza; con los antecedentes de España, la prudencia es aconsejable. Vale. Con base en la transmisión de canal 11 y agencias.