Río de Janeiro, 28 oct (EFE).- La muerte del futbolista brasileño Serginho como consecuencia de un colapso cardiaco durante un partido de la liga nacional, ha provocado hoy sospechas de grave negligencia de su club, el Sao Caetano, según médicos, entrenadores y jugadores.
Paulo Sergio de Oliveira Silva "Serginho", murió el miércoles pasado, ocho días después de haber cumplido 30 años, cuando jugaba con su equipo en el estadio Morumbi, del Sao Paulo.
Un súbito desmayo del que no se recuperó más, pese a los esfuerzos de los médicos de ambos equipos que le asistieron en la misma cancha, dejó en evidencia los problemas cardiacos que arrastraba el aguerrido defensa central.
El portero titular del Sao Caetano, Silvio Luiz, reveló a la prensa que su compañero conoció el diagnóstico en febrero pasado, a través de un examen realizado con vistas al comienzo del Campeonato Brasileño.
El equipo médico del Sao Caetano, encabezado por el doctor Paulo Forte, constató que Serginho sufría de arritmia cardíaca de origen genética, que permanentemente generaba constantes insuficiencias cardiorrespiratorias.
Silvio Luiz matizó que los médicos pronosticaron al zaguero que sus posibilidades de sufrir un paro cardiaco eran del uno por ciento.
El comentario de Silvio Luiz fue rebatido por el presidente del Sao Caetano, Nairo Ferreira de Souza, minutos antes de anunciar oficialmente el deceso de su jugador.
"Silvio Luiz es guardameta, no es médico", dijo el directivo ayer al ser nuevamente confrontado con las palabras de su jugador.
Pero el médico Dino Altman, del hospital Sao Luiz, a donde el jugador fue trasladado desde el estadio Morumbí, manifestó hoy que para morir del corazón a los 30 años la víctima debe haber padecido un problema de vieja data.
La dirección técnica-administrativa del club del municipio industrial de Sao Caetano do Sul ha negado hoy que sus miembros tuvieran conocimiento de que la salud del símbolo de la fuerza del conjunto corría serios riesgos si continuaba practicando el fútbol.
Una vez más el argumento "oficial" quedó en entredicho cuando el médico Martino Martinelli Filho, del Instituto del Corazón, en Sao Paulo, afirmó que la entidad deportiva sabía de los problemas del futbolista.
"Supimos aquí que él se había sometido a un examen que mostraba una afección en el músculo cardíaco, una miocardiopatía, enfermedad del músculo cardíaco que facilita la aparición de arritmias, muchas veces letales", expresó Martinelli a la radio "Jovem Pan".
Para el médico Turíbio Leite de Barros, del Centro de Estudios de Medicina de la Atividad Física y del Deporte de Sao Paulo, Serginho quizá no debió continuar jugando al fútbol.
"Dependiendo de la gravedad de la arritmia, no es recomendable ningún tipo de actividad física, mucho menos la profesión de atleta", precisó.
Mário Sérgio, entrenador del Sao Caetano entre 2002 y 2003, no dudó en acusar de "negligencia" a los responsables de la entidad, en tanto que el doctor Rodrigo Lasmar, titular del Atlético Mineiro e integrante del equipo médico de la selección brasileña, señaló algunos procedimientos equivocados en los primeros auxilios al jugador.
Un cuñado del fallecido jugador, conocido como Luisinho, admitió que la familia estaba consciente de los riesgos que él corría.
"La posibilidad de un uno por ciento de tener un ataque cardiaco que los médicos le dieron, no era motivo de preocupación. Confiábamos en lo que decían los médicos", dijo a la radio "Jovem Pan".
El Sao Caetano no ha replicado contra las críticas de las autoridades médicas y tampoco ha dejado claro cuál será el tipo de ayuda que ofrecerá a la familia de Serginho, que hoy manifestó no tener recursos para asistir al entierro, este viernes en Coronel Fabriciano, ciudad de 12.000 habitantes localizada en el interior del estado de Minas Gerais.
Los padres y hermanos del jugador residen en el municipio de Serra, en el vecino estado de Espíritu Santo.
El defensa, ante cuyo cadáver desfilaron hoy miles de aficionados y decenas de futbolistas, dejó esposa y un hijo de cuatro años. EFE
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