Tres niños costarricenses, actuales campeones del Latinoamericano de Minicross, demuestran sobre la pista que el miedo no corre por sus venas.
José Alberto Rodríguez (12 años), José David Tencio (10 años) y Jack Dávila (9 años) se coronaron como los mejores latinos el domingo anterior.
Con su moto y una dosis alta de adrenalina, los pequeños pilotos se declaran amantes de un deporte que muchos no se atreverían a practicar.
¿Cómo nació el amor por el motocross? Hay un común denominador en los tres: tienen algún familiar amante de las motos, lo que los impulsó para dar los primeros pasos y hoy disfrutar del título.
Ni cuatro quebraduras frenan la pasión de José Rodríguez
José Alberto Rodríguez tiene 12 años y ocho de practicar el motocross. En ese tiempo se ha quebrado cuatro veces y con certeza asegura que aun con esos percances, no piensa en dejar su pasión.
“Son chispas de oficio, entonces uno se preocupa por eso (las caídas)”, afirma Rodríguez.
Recuerda que la primera vez que se quebró estaba compitiendo en la pista La Olla, en Sabanilla de Alajuela. En ese momento fue el codo izquierdo, pero después se fracturó la cabeza del radio (brazo derecho) y las dos clavículas.
En ninguna ocasión ha sido necesario recurrir a la operación, sobre todo por tratarse de un niño.
Pero lo que más le angustia en esos momentos es la recuperación para estar listo en la próxima competencia.
Incluso sus papás, Erika Rojas y Giovanni Rodríguez, tampoco ‘gastan’ tiempo pensando en los riesgos que hay cuando se lanzan a la pista a altas velocidades, saltos y curvas.
Rojas cree que entre menos miedo, mejor se verá su hijo en la moto, por eso solo le advierte las reglas del deporte y lo motiva a que “meta gas”.
Asegura que una caída puede pasar en cualquier situación, no solo en una pista, y a partir de esa premisa, disfruta junto a José Alberto.
“Se puede quebrar en cualquier lugar, todos estamos expuestos a accidentes. Yo prefiero que ande en la pista que en la calle”.
El menor tiene muy claro que el motocross lo traía desde que nació, en gran parte por la afición de su padre, quien también corrió.
Empezó practicando con una moto de plástico y después un potrero cerca de su casa fue el lugar para ir soltando la adrenalina que todavía hoy lo acompaña.
El motocross lo combina con fútbol, andar en bicicleta y el gimnasio. Por eso sus papás son su mayor apoyo, llevándolo de una actividad a otra.
Pero gracias a los resultados que ha dado también tiene el patrocinio de cuatro marcas para comprar los uniformes, darle mantenimiento a la moto y recibir terapias.
Cada parte fue indispensable para que hoy disfrute del campeonato en 85 centímetros cúbicos, por encima de Guatemala y Colombia.
Jack Dávila nació enamorado de las motos
“Desde que tenía año y medio le encantaba subirse a las motos, cuando lo sentaba en la moto del hermano era una alegría increíble y la gente me decía que él iba a ser un corredor”, de esa forma describe Jennifer Castrillo el amor de su hijo por el motocross.
Jack Dávila apenas tiene 9 años, pero ya lleva mucha historia recorrida en la disciplina que conoció desde muy pequeño.
Su hemano mayor, Erick, de 17 años, fue el primero de la familia que empezó en el motocross y eso influyó en Jack.
Montado en una bicicleta simulaba que manejaba una moto y jugaba con motos de juguete.
Todos indicadores que sí se cumpliría el augurio de que sería piloto.
Con cinco 5 años su papá le compró la primera motocicleta, de 50 centímetros cúbicos, y comenzó a aprender con rodines.
La primera competencia terminó por motivarlo. Fue en Nicaragua, cuando visitó a unos familiares.
“Nos fuimos a pasear y nos invitaron a la carrera. Apenas estaba aprendiendo a andar y gané, eso me emocionó mucho”, contó Dávila, a quien le sobra energía.
Aunque al inicio los saltos le generaban temor, hoy es otra historia, tanto así que su mamá afirma que no le tiene miedo a nada.
Ella ya sabía lo que era tener un hijo motociclista, pero con Jack experimenta diferentes sensaciones.
“Mi hijo mayor siempre ha sido cuidadoso en todo, es un poco más temeroso, pero Jack, por la misma inocencia, no le tiene miedo a nada. Yo trato de controlarme, pero cada carrera es una adrenalina”, mencionó Castrillo.
Esa valentía quedó demostrada cuando se quebró el húmero.
“Corrí al hospital y él estaba muy tranquilo en una silla de ruedas, tenía el hueso partido y ni siquiera lloraba”, recordó su progenitora.
La larga recuperación de tres meses solo fue una prueba para que hoy sea el campeón latinoamericano de 50 cc, al igual que los dos intentos anteriores sin éxito.
Estuvo en Ecuador y Guatemala, y en el país centroamericano se cayó a tan solo una vuelta para finalizar.
“Ganar el latinoamericano era un sueño para toda la familia porque hemos trabajado en equipo, mi hijo no tiene patrocinios en este momento, entonces trabajamos muy fuerte”, agregó Castrillo.
José Tencio entró al motocross impulsado por un sueño de su papá
Al inicio, a José David Tencio no le interesaba el motocross, pidió que lo sacaran de un campeonato y se negaba a correr.
Mientras eso sucedía, su papá, David, intentaba mantenerlo en el deporte de sus amores, pero en el que nunca pudo practicar de forma profesional.
Por eso, su ilusión era que José, hoy de 10 años, se convirtiera en motociclista, como ya lo había hecho su hija mayor, Melissa, de 18 años.
Sin embargo, eso costó y se convirtió en un proceso largo que hoy ve resultados en la categoría de 65 centímetros cúbicos, como campeón latinoamericano.
A José David le gustaba andar en cuadraciclo, pero con su hermana participando en los campeonatos de motocross, sus papás querían lo mismo porque se les hacía imposible movilizarse a dos competencias cada fin de semana.
“No había forma de que le gustara, pero una vez se dañó el cuadra y le dije que había que traer el repuesto de Estados Unidos y mientras venía debía usar la moto. Así le empezó a agarrar un poco el gusto porque cuando supuestamente ya habían llegado los repuestos no quiso subirse porque ya dominaba la moto”, agregó David.
Pero fue hasta los ocho años cuando finalmente le tomó el gusto a este deporte, cuando poco a poco fue destacando.
De hecho su mamá, Giovanna Retana, también recurrió a otra táctica cuando su hijo quería abandonar el motocross.
José David es un seguidor de la lucha libre y Retana le regaló un muñeco de John Cena para “sostenerlo” un año más.
Poco a poco se fue acoplando y hoy asegura que le “encantan las motos”.
“Me fui acostumbrando, antes prefería el cuadra pero ya no. Vi que a mi hermana le iba bien y fui motivando”, señala este estudiante de cuarto grado.
Como es costumbre, el miedo aparece pocas veces y solo la mamá confiesa que en ocasiones existen nervios, aunque ya es una familia acostumbrada a la velocidad.
“Voy tranquila a las carreras aunque siempre hay ansias”, confiesa Retana.
La exigencia ha sido alta por parte de Retana y su esposo, quien deja muy claro que él, ni menos su hijo, se preocupan por una caída, por ejemplo.
“A mí el temor que me da es verlo que ande despacio, llegar a una pista y no verlo que entrene duro”, afirma el padre.
José David tampoco ha estado lejos de los percances, en una ocasión se abrió la barbilla, en un entrenamiento un golpe lo dejó inconsciente, con apenas siete años, y después se quebró la mano.
