Barcelona, 16 oct (EFE).- En el partido más esperado de la temporada para el seguidor del Espanyol, la grada del Estadio Olímpico se quedó fría, resignada a ver a su eterno rival llevándose los tres puntos en un partido mucho más cómodo de lo esperado para el conjunto azulgrana.
Aunque los días previos al clásico estuvieron presididos por la cordialidad y el 'buen rollo', el partido tuvo ambiente: banderas y pancartas para todos los gustos y una digna entrada en el Olímpico, que suele esperar la visita del Barcelona con más hambre de victoria que la del Real Madrid.
Mientras el Barcelona saltaba al campo dando ánimos al lesionado José Edmílson con una camiseta en la que se leía 'Edmílson forca irmao', (ánimo hermano), los aficionados 'pericos' se lucieron con un mosaico propio de los grandes partidos.
La grada se vistió con los colores de su equipo, pero también dibujó la Cruz de Sant Jordi y la imagen de la 'senyera', la bandera catalana. Mientras el palco colgaba el cartel de completo, pero de representantes políticos.
Comenzó pronto el Barcelona a enfriar los ánimos del Olímpico gracias al gol de Deco en el que colaboró Morales, la sorpresa de la alineación de Miguel Angel Lotina. Corría el minuto ocho de partido y al técnico se le quedó una cara de desolación que recogieron todas las televisiones.
Desde el palco, Daniel Sánchez Llibre, presidente del Espanyol, tampoco lo veía nada claro. Su colega, Joan Laporta, reprimía una sonrisa.
Más que sobre el césped, el espectáculo estuvo en las gradas. Algunos se dedicaron a pitar a Eto'o, cuyo paso por el Espanyol fue más que gris, otros a animar a los suyos y unos pocos, a estropear la fiesta.
Los seguidores más radicales del equipo blanquiazul interpretaron el derbi en clave violenta. En el descanso, protagonizaron unos graves altercados que obligaron a la policía a intervenir.
Las fuerzas de seguridad lograron suavizar los ánimos, pero los enfrentamientos se prolongaron durante la segunda parte, hasta el punto de que algunos 'pericos' de tribuna tuvieron que levantarse de su asiento y desplazarse unos metros, amenazados por la 'invasión' de los violentos.
Para el resto de seguidores, el clásico se limitó al típico intercambio de cánticos. Alrededor de 200 barcelonistas vieron el partido desde la zona alta del estadio.
Pitó Megía Dávila el final y a los 'pericos' les quedó sólo el sabor amargo de comprobar cómo su rival ciudadano le vencía en Montjuic, un estadio nada propicio para ganar al Barcelona.
Desde que la deuda del club obligó al Espanyol a derruir Sarriá y mudarse a Montjuic, el equipo blanquiazul sólo ha sido capaz de ganar una vez al Barca, en diciembre de 2001 gracias a sendos goles de Tamudo.
Desde entonces, el equipo azulgrana está cómodo en el Olímpico, pese que la afición del Espanyol se empeña en crear un clima hostil para el rival: en las últimas tres temporadas, el Barcelona ha ganado en el estadio españolista.EFE
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