Melbourne. Amelie Mauresmo ya es una gran campeona. La francesa puso ayer fin a años de fracasos en los momentos importantes al conquistar el Abierto de tenis de Australia en una final que dominó desde el principio y hasta el abandono de la belga Justine Henin-Hardenne por problemas de estómago.
Mauresmo ganaba tras 52 minutos por 6-1, 2-0 y 0-30 cuando la belga se acercó a la red y habló con la jueza de silla, que llamó a la gala y le comunicó la decisión.
"Tuve tiempo de pensar en mi discurso, pero ahora no sé qué decir", bromeó la francesa de 26 años, ironizando con la fama que se ganó de eterna perdedora.
Fue solo su segunda final de un torneo del Grand Slam , después de perder la de Australia en 1999 ante la suiza Martina Hingis.
"Creo que ahora las tres partes del juego -tenis, física y mental- por fin se conjuntaron aquí. Estoy con el trofeo porque maduré, crecí, aprendí lecciones. Intenté evolucionar de muchas maneras, no solo en la pista, sino también afuera", afirmó radiante la campeona.
Mauresmo reconoció que su victoria en el Masters en noviembre fue el punto de inflexión.
"Estoy aquí porque gané en Los Ángeles. Allí me demostré a mí misma de lo que era capaz. No era un Grand Slam , pero gané un torneo grande contra las mejores. Antes de eso, quizá en alguna parte de mi mente no estaba convencida al ciento por ciento de eso".
Además de desear una pronta recuperación a Henin, la francesa anunció que pretende que el título sea solo el primero de muchos.
"Quizá encontramos la manera (de ganar Grand Slams ), y quizá debamos seguir", afirmó dirigiéndose a su entrenador.
Al fin. Tras el beso entre ambas en la red y el aplauso de los 15.000 espectadores que llenaron el Rod Laver Arena, Henin-Hardenne se sentó en su silla a llorar. Mauresmo, por su parte, puso media sonrisa, a mitad de camino entre la alegría por haber logrado finalmente un título "grande" y el descontento por la forma en conseguirlo.
Mauresmo conquistó el título sin terminar ninguno de sus dos últimos partidos, porque en semifinales se tuvo que retirar su rival, la también belga Kim Clijsters, por un desgarro en un ligamento al torcerse un tobillo.
"Las cosas se dieron la vuelta en algún momento, y yo también pasé momentos duros. Simplemente lo tomo como llega. Así son las cosas", aseguró.
La francesa, que sucede en el palmarés a la estadounidense Serena Williams, se acercó poco después del choque a consolar a su rival, que le explicó que sufrió problemas en el estómago.