Sidney. Marion Jones perdió este viernes la apuesta que había hecho consigo misma, cuando un salto de 6,92m quebró en mil pedazos el sueño de ganar cinco medallas de oro en estos Juegos Olímpicos y devolvió a la corredora estadounidense a la imperfección de la dimensión humana.
"Estoy bien. El objetivo de las cinco medallas se vino abajo pero no lamento haberlo tenido como bandera", declaró tras la prueba.
Por primera vez desde que está en Sidney, Marion Jones no dio una vuelta de honor al Estadio Olímpico, no se enrolló en el cuerpo la bandera estadounidense ni fue abrazada por el público.
La victoria tiene muchos padres y la derrota es huérfana, incluso cuando tiene el color de una medalla de bronce. "Tuve oportunidad de conseguirlo, pero (la alemana) Heike Drechsler fue mejor que yo", lamentaba la estadounidense.
Drechsler, récord del mundo en 1986 (7,45m), saltó 6,99m y la italiana Fiona May fue plata con 6,92, la misma distancia de Jones, pero con la diferencia que aquella no falló ningún salto, mientras que la estadounidense falló el último y definitivo. Aunque la estadounidense todavía puede ganar cinco medallas, ya no serán de oro.
"Estas cosas ocurren. No conseguí hacer mi mejor salto hoy y ahora me resta trabajar con mi equipo al máximo para conseguir un oro en los relevos 4x100 y 4x400m", añadió.
Pero Marion Jones no conseguía ocultar su tristeza y aire pensativo al subir al podio, en el que ya se había acostumbrado al lugar más alto, después de sus medallas de oro en los 100 y 200m.
"La gente me dice: deja el salto de longitud que puedes lesionarte. Pero yo salté 7,31m hace dos años y sé que puedo volver a hacerlo. Soy rápida, trabajando un poco puedo llegar al nivel de 1998. Me falta un salto, el salto con mayúsculas y el poder para ello está en la cabeza", aseguraba la atleta días antes de la prueba.
Cuando Jones anunció que quería volver a su casa de Carolina del Norte con cinco preseas de oro en la maleta (100, 200m, salto de longitud, relevos 4x100 y 4x400m), los entendidos dudaron de sus aptitudes para ser campeona olímpica del salto de longitud. Jones ya mostró sus límites para esta disciplina en los mundiales de 1999 en Sevilla (España), cuando también fue bronce.
Este nuevo tercer puesto que tiene el sabor amargo de la derrota se produce en una semana negra para la vida de la corredora, cuyo marido, el campeón mundial de lanzamiento de bala, CJ Hunter, actualmente lesionado, se vio envuelto en un caso de dopaje que podría suspenderlo de la competición.
El atleta, que no participa en los Juegos por una lesión en la rodilla, tampoco estaba este viernes a la entrada del vestuario para recibir a su esposa como cuando ganó los 100m llanos. Privado de su acreditación por este escándalo, Hunter asistió a la prueba de su mujer desde las gradas.