
Hay nombres que quedan sellados a fuego en la mitología del fútbol argentino, a veces por un campeonato y otras por ser el factor determinante en una tragedia deportiva. Matías Ibáñez pertenece a ese selecto grupo.
En 2011, siendo un joven arquero que saltó del banco de Olimpo tras la lesión de Laureano Tombolini, encadenó una serie de atajadas imposibles ante Quilmes.
Aquella actuación no solo salvó a su equipo, sino que empujó definitivamente a River Plate a jugar la promoción contra Belgrano que terminaría en su histórico descenso.
Hoy, catorce años después de aquel hito y tras retirarse en 2025 en su amado Olimpo de Bahía Blanca, la vida de Matías Ibáñez transcurre lejos del barro de las áreas y muy cerca del sol de la Florida.
El exfutbolista de Racing, San Lorenzo y Lanús ha logrado lo que a muchos les cuesta una vida: reinventarse.
Actualmente, administra un negocio de 100 propiedades en Miami y es el hombre de consulta recurrente para quienes buscan ser parte de la “locura” del Mundial de Estados Unidos, México y Canadá.
A diferencia de otros colegas que estiran su carrera hasta el límite, Matías Ibáñez comenzó a planificar su salida del sistema en 2016.
Mientras sus compañeros descansaban en las concentraciones, él estudiaba administración de empresas e inglés. Esa visión comercial lo llevó a fundar su propia agencia de turismo y a volcar sus ahorros en el mercado inmobiliario estadounidense.
“Yo soy vendedor de toda la vida. Vendo felicidad. La gente que compra un paquete para vacacionar busca eso”, explicó Matías Ibáñez en entrevista con el periódico La Nación de Argentina.
“A lo largo de los años fui generando confianza. Al ser una persona pública, la gente se acerca, pero luego se quedan por el servicio. Hoy administro cerca de 100 departamentos en Miami y tengo un equipo allá que se encarga de la logística que yo no puedo hacer a la distancia”.
Su éxito no es casualidad. Con dos cuentas comerciales en Instagram que superan los 400.000 seguidores, su perfil de empresario ha eclipsado al de aquel arquero volador.

Incluso, figuras del espectáculo como Susana Giménez están atentas a sus ofertas.
Para Matías Ibáñez, el secreto estuvo en no quedarse solo con el título de jugador: realizó cursos de coaching, scouting, director técnico y hasta relator deportivo, solo para entender todas las aristas del negocio.
La fiebre mundialista: ‘La gente está como loca’
Con Estados Unidos como una de las sedes de la próxima Copa del Mundo, el teléfono de su agencia en Bahía Blanca no deja de sonar.
Miami, el epicentro de la comunidad latina y probable búnker de miles de argentinos, es el activo más valioso de su cartera.
“La gente está como loca. Con el Mundial a la vuelta de la esquina, las consultas se han quintuplicado”, confesó.
“Estamos armando paquetes integrales con traslados internos. La demanda es total y la incertidumbre que antes sentía por el fútbol hoy es adrenalina pura por el crecimiento del negocio”.
Una vida después del silbato final
Para Matías Ibáñez, el retiro no fue un duelo, sino una transición lógica. Aunque en las calles de Bahía Blanca algunos le gritan con afecto “¿Cómo andás, jubilado?”, él tiene claro que a sus 38 años está en su mejor momento profesional.
“Hablé con psicólogos y entendí que la adrenalina de los domingos no la voy a encontrar en ningún lado, pero lo que terminó fue la profesión, no la vida”, reflexionó.
El hombre que alguna vez fue el verdugo silencioso de un gigante del fútbol, hoy se encarga de que miles de personas cumplan el sueño de ver a su selección preferida en el país donde él decidió construir su futuro.

