México, 4 jun (EFE).- Con la contratación del técnico argentino Rubén Omar Romano, los Tuzos del Pachuca han apostado por un simpatizante del juego ofensivo y agradable, y con ese estilo tratarán de regresar a los primeros planos del fútbol mexicano.
Romano, a quien se le suele ver siempre con un cigarro en la mano, es un fiel seguidor de la escuela del argentino Ricardo Lavolpe, técnico de la selección mexicana, y su mentalidad ganadora se combina bien con la filosofía del Pachuca, el mejor club de México en las últimas nueve temporadas, de las cuales ha ganado tres por una final perdida.
Nacido en Buenos Aires en mayo de 1958, Romano debutó como entrenador en México el 2 de agosto de 1998, cuando llevó al desaparecido Celaya al triunfo por 3-1 sobre los Toros Neza, y desde entonces ha logrado 79 victorias, 57 empates y 76 reveses, números positivos si se toma en cuenta que no ha dirigido clubes grandes.
Romano llevó al Morelia a dos finales consecutivas, a cuartos de final de la Copa Libertadores y al segundo lugar de la Concacaf, todo en menos de dos años, pero al primer resbalón, a inicios de 2004, lo echaron fuera.
Una situación similar pasó con el mexicano Víctor Vucetich, quien llevó al Pachuca al título hace apenas seis meses, pero acaba de renunciar por las presiones a que fue sometido tras no clasificar en la temporada actual.
Romano sustituirá a Vucetich y, convencido de que el fútbol actual se conjuga sólo en tiempo presente, tratará de aprovechar la oportunidad en el Pachuca para mejorar sus bonos en una liga en la que los técnicos son tratados con mano de hierro, cargan las culpas propias y ajenas, pero siempre encuentran oportunidades para cobrarse las ofensas.
"Esto es para mí un crecimiento, llego a una gran institución, y vengo con ilusión de pelear los primeros lugares y mantener al equipo como protagonista", fueron las primeras palabras de Romano al referirse a su nuevo reto.
La tarea inicial del estratega será encontrar los refuerzos para la temporada y si convence a la directiva de traer un par de buenos extranjeros, no sería raro verlo disputar campeonatos, como hizo dos veces seguidas con el Morelia, con los que burló el mito que hay en México de que a los finalistas les va mal al torneo siguiente.
Se trata de un entrenador con personalidad, que hace tres años se negó a alinear como titular al hijo del dueño de su equipo, lo cual le costó el despido; ahora mismo pintó su raya antes de dar el sí al Pachuca y tras ponerse de acuerdo con la directiva, pueden esperarse grandes cosas de su trabajo.
Es un estratega joven en el circuito, pero posee agudeza y una sólida base teórica, suficiente para sobresalir en un campeonato difícil como el de México, en el que no hay equipos asegurados en la cima y los campeones suelen renovarse como hojas de árboles al terminar el invierno. EFE
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