En la mañana del 6 de enero de 1957, todo fue memorable en el Estadio Nacional. Aquella vez, José Rafael Fello Meza Ivankovich disfrutó de su despedida del futbol activo con una actuación sensacional, que provocó la estruendosa ovación de los fanáticos y resumió su experimentada carrera de 20 campañas entregadas al deporte.
Aunque no anotó ese día, la huella de sus servicios exactos y precisos se reflejó en cinco de los siete goles de su último club, el C.S. Herediano, que se impuso con un apabullante 7 a 2 al Rapid de Viena, que era entonces una de las escuadras más respetadas de Europa. Un retiro a lo grande.
"El veterano crack de veinte años de labor, hizo su último encuentro con toda la cátedra que tanto renombre le dio, y con la que prestigió al país dentro y fuera de nuestras fronteras&...;", consignó La Prensa Libre sobre el momento del adiós de un auténtico maestro del futbol, a unos diez minutos de iniciada la etapa complementaria.
Era el capítulo final de una brillante trayectoria que se extendió de 1937 a 1957 en clubes de la Primera División de Costa Rica (Cartaginés y Herediano), México (Orizaba y Atlante), Argentina (Estudiantes de la Plata), Colombia (Universidad de Bogotá) y Honduras (Aduana), donde el gol fue el gran amor que lo acompañó.
Y es que Meza llegó a adornar las portadas de revistas y diarios del continente, debido a que llegó a concretar más de 300 veces, de todas formas y estilos, con la cabeza, de tiro libre, de media vuelta, gambeteando al portero, de cerca, de lejos o de espaldas al marco, de lujo o en forma dramática, pero siempre haciendo goles&...; muchos goles.
Sus primeros trazos
Fello -diminutivo de José Rafael- fue el quinto miembro de una familia acomodada de siete hijos en Cartago, donde gozó de una infancia muy feliz. El motivo era que disfrutaba los días enteros jugando mejengas hasta el anochecer con amigos o personas mayores a él en la plaza Iglesias, que estaba situada a escasos 150 metros de su casa.
"Desde pequeño me gustó anotar goles. Era lo único que importaba. Nunca jugué de portero, ni de defensa, ni de volante, porque solo deseaba marcar goles y goles; y así fue mi carrera en todos los equipos donde jugué", explicó en una edición dominical del periódico Excelsior, en los años 70.
Su hermano Jaime, exfutbolista profesional, corrobora hoy esta versión y agrega que a su llegada al Cartaginés, Fello siempre llamó la atención más que ningún otro, por "su gran destreza y habilidad técnica para manejar la pelota como un maestro, en especial cuando realizaba su distribución con pases milimétricos".
Era tal su fama inicial que, en 1933, la revista Olimpia publicó un artículo del periodista José J. Gómez, en el cual anticipaba lo que haría después en el profesionalismo. "He aquí un jugador de gran esperanza: tiene un juego lúcido, colocación, dribling, es oportunista, coloca buenas bolas, etc. Lo único que le falta es shut. Lo que pasa es que es muy joven y de pequeña estatura. Ya tendrá ocasión la afición de verlo actuar".
Y así ocurrió. Poco después de que el conjunto blanquiazul ganó su segundo título de la historia, en 1936, la afición fue testigo del arranque de uno de los más admirables jugadores en la máxima categoría.
Debutó el 4 de julio de 1937, ante el Herediano (los brumosos cayeron 5 a 2), pero su consagración la lograría años después.
Profesor en el exterior
Una legendaria temporada suya en 1940 le brinda al Cartaginés su tercer y último título nacional, y a Meza el galardón individual de máximo anotador del torneo, con 13 goles, méritos que prolongó un año más tarde con el seleccionado mayor, que ganó invicto el primer certamen de naciones a nivel centroamericano y del Caribe.
Cuando el temido artillero pasó al equipo azteca Moctezuma, de Orizaba, que lo llevó a alcanzar el goleo del campeonato 1941-42, el diario local As de futbol no escatimó elogios: "El tico es un hombre de gran efectividad, que puede garantizar la labor de una delantera coronado las jugadas. No plantea juego técnico, ni tiene ribetes de catedrático, pero es un efectivo realizador, de oportunismo inteligente".
La prensa argentina también admiró su futbol, cuando viajó a Buenos Aires con una maleta cargada de ilusiones y pasó a formar parte de la nómina de Estudiantes, en 1942. "Un chico morochito, muy diestro para mover la globa y muy valiente para luchar en la zona fuerte adversaria. Se llama Meza y jugando al futbol demuestra que procede de muy buena escuela", escribió un columnista de Clarín; en tanto que Cancha apuntó: "Muestra una positividad y puntería notables, y anota con la precisión de un geógrafo".
Su paso por Argentina fue corto. "No tuvo mucha suerte", según el periodista José Pastor, en su libro "El adiós del maestro". Primero soportó la animadversión de sus compañeros y luego una seria lesión en su rodilla izquierda, que le dejó actuar en solo diez juegos oficiales. El 31 de diciembre del 43 expiró su contrato y retornó a México.
Su apogeo
Aunque fichó otra vez con el Moctezuma de Orizaba, Fello alcanzó su etapa más brillante con un cuadro de excepción, el Atlante, que tenía ocho jugadores extranjeros de categoría mundial, entre ellos Gregorio Blasco, Martín Vantolrá, Horacio Casarín, Mateo Nicolau y el tico Meza.
En la temporada 1945-46, Atlante logró el vicecampeonato e impuso la increíble marca latinoamericana de 121 goles en 30 partidos (José Rafael hizo 30). En el torneo 1946-47, los azulgranas llegarían al título con 16 juegos invictos y Fello aportó 19 tantos, convirtiéndose de la noche a la mañana en una de las figuras relevantes en México.
"Esas fueron mis mejores temporadas como futbolista. A los 26 años había adquirido una experiencia indescriptible, al poder jugar al lado y en contra de los mejores jugadores argentinos, españoles y mexicanos de la época", reseñó en una entrevista con la revista Triunfo, en setiembre de 1984.
Meza pasó luego al Moctezuma, para despedirse del futbol mexicano en el mismo equipo donde había comenzado. Su siguiente destino fue Colombia, donde jugó en la Universidad de Bogotá por un breve período, en 1950, debido a otra seria lesión en la rodilla izquierda, que le hizo recordar la triste historia en Argentina.
Inactivo seis meses, Fello volvió al Cartaginés para el torneo de 1951 y vivió grandes momentos allí. Jugó su último campeonato con el Herediano, cuyo título de la campaña 1955-56 ganó sobre Saprissa y la Liga.
El maestro Meza puso punto final a una carrera de dos décadas y después de él ningún otro delantero llegó a superar su clase internacional, pues sus goles estremecieron las tribunas de Costa Rica, México, Argentina y Honduras.
A partir del adiós contra Rapid de Viena, a comienzos del 57, pasó a ser una leyenda sin par en el futbol nacional.