
San Isidro de El General. Vinieron de todos lugares... y también de Puriscal. Ayer la afición herediana abarrotó el estadio Municipal de Pérez Zeledón, tal era su esperanza de celebrar el pase a una final, por primera vez en 11 años.
Su sufrimiento, tras un juego de difícil lectura, tuvo una recompensa apoteósica cuando confluyeron el triunfo de Herediano y el empate de Saprissa.
Los que pudieron –que fueron bastantes– se lanzaron a la cancha para abrazar y atropellar a sus ídolos. Los muchachos, agradecidos, lloraron con su gente.
Minor Díaz, Michael Umaña, Rocky Cordero y Cristian Oviedo estaban exultantes, con los ojos aguados, en abrazo fraterno con aquellos que son la razón de ser del futbol: los aficionados.
Familias enteras se trasladaron a San Isidro. Fue el caso de Ana Beatriz Rojas y su hermano William, quienes vinieron con sus hijos, orgullosos de su atavío roji-amarillo y simplemente se solazaron con el ansiado triunfo.
“Aquí hay que ser claros, el esfuerzo de los jugadores se merecía este premio y Macho (Mora), óigame lo que le digo, ese va a ser el próximo seleccionador nacional”.
Erick Monasterio, miembro de La Garra , fue más allá. Con lágrimas de emoción, ponderaba: “Heredia es todo. Y Macho... (y la exaltación le impidió continuar).
Más centrado, pero igual de emocionado se manifestó Juan José Montoya, quien salió desde las 5 a. m. de San Antonio de Escazú.
“La fórmula que nos llevó a esto fue la banca que tenemos. Siempre hay alguien que sustituya bien al que no puede jugar. Y Macho Mora ha sido lo máximo que hemos tenido, y ojo que no solo lo pelea Heredia, lo quiere Saprissa y lo necesita la Selección”.
Otro que hervía en felicidad era Aquil Alí, presidente del Herediano. “Llevamos 11 años esperando como aficionados y yo cinco como presidente. Aquí ha predominado la unión de grupo y el ímpetu de Macho Mora”.
Los que no dieron abasto para atender a las decenas de aficionados que querían felicitarlos fueron los jugadores. Hay que decirlo: ellos correspondieron con gran sencillez a las muestras de afecto.
Al final el bus que transportaba al equipo tuvo problemas para avanzar, pues la multitud rodeaba la unidad solicitando autógrafos y estrechones de mano por las ventanas. Ellos, los jugadores, en un arranque de agradecimiento, finalmente terminaron por lanzar a sus seguidores los chalecos de calentamiento que utilizan antes de ingresar al partido.
Así, ayer predominó una unión especial entre equipo y afición. Y no era para menos.