HAMILTON, Nueva Zelanda (AFP) - El rally de Nueva Zelanda, 11ª prueba del Mundial WRC 2007, comienza el viernes en Hamilton, al sur de Auckland, y se presenta como un nuevo duelo en la cumbre entre Marcus Gronholm (Ford Focus) y Sebastien Loeb (Citroen C4).
Esta 37ª edición tiene lugar dos meses y medio antes que el año pasado, cuando el finlandés ganó en ausencia del francés, lesionado en el hombro. Ford, haciendo doblete, se proclamó campeón del mundo de constructores a falta de una carrera para el final de la temporada.
Este año, las cosas son totalmente distintas, ya que Gronholm está en cabeza del campeonato de pilotos y Loeb, bien presente, ha logrado ponerse a ocho puntos del bicampeón del mundo con su victoria de hace diez días en Alemania.
Pero el título de constructores es ya prácticamente de Ford, salvo que atraviese una muy mala racha en las últimas carreras, algo bastante improbable.
Gronholm llega a Nueva Zelanda haciendo gala de un gran palmarés, con cuatro victorias (2000, 2002, 2003, 2006) y dos segundas posiciones, en nueve participaciones. "Puedo ganar pero sobre todo tengo que puntuar lo más posible", resumía Marcus.
"Haber perdido la segunda posición en la última especial en Alemania ha aumentado aún más mi determinación de cara a Nueva Zelanda. Ya estoy muy concentrado pero tengo que dar un paso más para evitar esa clase de errores", añadió el rival favorito de Loeb.
El francés ganó este rally en 2005, en el Xsara. "Desde mi primera visita en 2002, me gustó el país y el recorrido", decía el tricampeón mundial. "Es al mismo tiempo técnico, rápido y un poco complicado para la mecánica. Es uno de los rallies que más me gustan por las sensaciones al volante".
Entre quienes pueden meterse en medio del duelo, habrá que seguir de cerca a Mikko Hirvonen en el otro Focus oficial. El joven finlandés es cada vez más constante en los puestos delanteros y, gracias a él, Ford puede pensar en su segundo título seguido, con sus 41 puntos de ventaja.
El recorrido es uno de los más agradables de la temporada, una especie de largo billar en pleno campo neozelandés, sin grandes baches ni piedras, aliñado con buenas curvas y desviaciones sorprendentes para los novatos. Es una invitación a atacar aunque los pilotos demasiado generosos pueden perder sus ilusiones en una fracción de segundo.
"Las especiales son fantásticas, las curvas se suceden muy rápido, no hay rocas y es un verdadero placer para los atacantes. Sólo hay que tener cuidado con los pequeños taludes dentro de las curvas porque pueden hacer que salgas dando tumbos. El año pasado, estaba muy cerca de Marcus, así que pienso que es realista pensar en la victoria", declaró Hirvonen.
'Last but not least', como dicen los lugareños, el australiano Chris Atkinson, va de menos a más y se queja menos de su Subaru Impreza que su compañero el noruego Petter Solberg, campeón del mundo. Sin duda, puede soñar con un podio.
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