
St. George’s. En el futbol suele decirse que un equipo exitoso debe estar repleto de obreros. Pues Granada cumple con ese precepto, solo que literalmente: la mayoría de sus futbolistas trabajan como peones de construcción.
En una eliminatoria mundialista cuesta entender esta realidad, si se compara con un país como Costa Rica, donde la mayoría de los jugadores cobran como profesionales, reciben condiciones casi de primer mundo en las convocatorias de la Selección y aparecen regularmente en las páginas de farándula.
A Anthony Modeste todo eso le parecería muy lejano. Este jugador granadino desconoce lo que es tener un fotógrafo de prensa retratándolo a la entrada de un evento social, pero sí puede dar cátedra de cómo levantar un muro o pasar repello con la nuca bañada por el sol.
Doble turno. Modeste trabaja en construcción de ocho de la mañana a cuatro de la tarde y apenas le da tiempo para quitarse el uniforme parchado de cemento e irse al entrenamiento de su equipo.
Granada tiene una liga con diez clubes aficionados. Esto significa que todos sus futbolistas deben conseguir otros trabajos, pues el equipo no les da ni para los pases.
No todos son obreros. Hay un contador, varios funcionarios gubernamentales, tres estudiantes (que juegan y van a la Universidad en Estados Unidos) y tres o cuatro profesionales, obviamente en equipos de otros países.
Esto no desanima al entrenador Norris Wilson. Sabe que se enfrenta a una oportunidad única: la posibilidad de entrar a la historia del futbol caribeño en caso de dar una sorpresa frente a Costa Rica.
Wilson lleva siete meses al frente del equipo isleño. Esta semana disfruta de un lujo inédito: tener tiempo completo a sus jugadores, en lugar de entrenar a un grupo de futbolistas cansados después de una jornada en la construcción.