Limón. La gradería multicolor quedó paralizada al 84'. Aquel cotilleo en patois , de inconfundible sabor caribeño, declinó por un instante para presenciar en silencio el momento cumbre.
A seis minutos del final, Winston Parks persiguió un balón casi perdido. Víctor Cordero lo custodiaba, y el saque de puerta parecía inevitable. Pero el cazador sabía que la presa aún estaba a su alcance. Y lanzó la trampa.
Parks estiró la pierna y recuperó el cuero. Sin darle tiempo de reaccionar a Cordero, fulminó a Erick Lonnis con un trallazo a bocajarro.
Clímax y desenlace. Pero el bólido se negó a entrar. Con violencia, impactó en el vertical, ¡a milímetros del gol! Cero a cero imperturbable.
La gradería, entonces, volvió a respirar, y otra vez fue una Torre de Babel y un arcoiris gigantesco donde todos se lamentaban por no haber podido enviar al Saprissa de vuelta a casa con un gol en la mochila.
Los morados estrenaron su liderato en una cancha árida, enemiga del buen futbol, que desaconsejaba el balompié en sociedad y estimulaba el pelotazo reventón.
Sin mucha posibilidad de aceitar sus motores ofensivos, por la marca de hierro de los limonenses y la poca bondad del césped (¿césped?), Saprissa prefirió asegurar un pasito corto en vez de arriesgarse a dar zancada larga.
Por eso los picos de tensión estuvieron cerca de los cordeles tibaseños. Apenas al minuto cuatro, Nicole Watson llegó a cerrar, sin éxito, un peligroso centro de Víctor Núñez.
Al 45', Nicole mareó a Cordero en un vibrante mano a mano, pero su disparo se paseó frente a la línea de sentencia sin que ningún compañero completara la jugada.
Sobrevivir
Para el segundo tiempo, estaba claro que la única meta de Saprissa era sobrevivir sin raspones a aquella cancha agreste. Entonces, los verdolagas empuñaron la estafeta del juego ofensivo y presionaron hasta donde se los permitió su discreto arsenal.
Watson volvió a estar cerca del gol al 50', mas erró en el disparo final, cuando todo hacía presagiar un contraste en la red morada.
Enrique Rivers, timonel caribeño, entendió que el póker podía ser suyo y dobló la apuesta con la inclusión de Andy Herron y Winston Parks.
Los limonenses vivieron la última media hora amparados a la ilusión de ganar. Mas carecieron de un ariete que definiera en el momento justo. O quizás fue un asunto de suerte, si el tiro de Parks, al 84', elige la ruta del gol en vez de coquetear con el vertical.
A Limón le faltó un rompeolas. Y a Saprissa, más allá del terreno difícil, la convicción de que empatar en casa ajena no es un rédito muy positivo para el equipo que ostenta el gafete de líder.
Sobre todo si su interlocutor es uno de los coleros del certamen.