Review, review... Sujeta el control del televisor. Lo activa y la escena vuelve. Procura el reencuentro, la luminosidad de una tarde lejana, el hormigueo en la piel.
Si lo intentara mil veces en el espejo, mil veces fracasaría. Imposible "mapear" el rostro, dibujar otra vez sus pliegues, revivir el instante crucial de aquel lunes 11 de junio de 1990 en el estadio Luigi Ferraris, de Génova. Logró filtrar por encima el balón al arquero escocés y gritó para Costa Rica el primer gol en una Copa del Mundo, a nivel mayor.
Y los ticos aquí... ¡felices frente al televisor!
Hay fantasmas que levantan el vuelo. Los recuerdos vienen por él. Juan Arnoldo Cayasso se va del futbol. Hoy, en el viejo Estadio Nacional, se jugará su partido de despedida. Será un espectáculo, es cierto; mas, en lo esencial, una reunión de amigos, la vuelta del destino, el ritual del adiós.
Sueños de arena
De su infancia no hay review . Solo memoria. La pátina del tiempo no impide retrotraer la ilusión que comenzó a tejer en la arena, en su natal Puerto Limón.
"Sabés una cosa, jugar en la arena me ayudó muchísimo, me dio gran fortaleza en las piernas y capacidad de salto. Un día de estos estuve observando una foto mía de la final que jugué con el Kickers, en Alemania, contra el FC Sankt Pauli (Hamburgo), cuando logramos el ascenso a la primera división. Aparezco prácticamente encima de compañeros y rivales anotando el gol del triunfo".
Siempre tuvo claro que sería futbolista. Desde los tiempos de estudiante de secundaria en el Colegio Técnico Profesional de Limón. Un día escribió una carta a su padre diciéndole que vendría a la capital, que deseaba probar suerte, que su máximo anhelo era llegar a la Primera División.
Por medio de un familiar, se contactó con Alajuelense. Salía cabizbajo del estadio manudo tras una prueba en la que no le había ido muy bien y la voz de Juan Blanco lo sacó de sus cavilaciones. El técnico de la división juvenil rojinegra lo invitó a quedarse.
Usted y los de su generación quizás no encontraron las oportunidades que tienen los chicos que empiezan hoy...
En mi caso, las cosas se dieron naturalmente. Yo siento que he sido bendecido, porque las condiciones poco a poco se fueron dando. Cuando la Liga campeonizó en 1980, renovó todo el cuadro. Me integré como lateral derecho, bajo el mando de Millan Kollar.
"Así viví una etapa de formación y consolidación de uno de los mejores equipos que ha tenido Alajuelense. Oscar Ramírez, Álvaro Solano, Jorge Cheves, Raquel Ledezma, Rodolfo Mills fueron, entre otros, mis compañeros.
"Era fácil jugar con ellos. A los rivales les resultaba imposible controlar a todo el equipo. ¡Había talento! Muchos dicen que Jorge Gugui Ulate no poseía grandes virtudes técnicas, ¡pero hacía goles, que era lo que importaba!"
La eliminación de Costa Rica para el Mundial de México 86, ¿influyó de algún modo para que la Liga no ganara los torneos del 85 y 86?
Es justo reconocer que en la temporada de 1986, Municipal Puntarenas, que a la postre salió campeón, tenía un gran equipo. Perdimos la final contra los porteños y siento que eso fue lo justo, lo bonito, aunque, claro, a nadie le gusta perder un campeonato.
"Ciertamente, muchas variables se mueven alrededor de un campeonato y terminan por influir en su resultado. En muchos torneos se presentan situaciones que de algún modo alteran el curso normal de los acontecimiento.
"Es peligroso emitir juicios, pero sí pienso que desde aquella época debió establecerse un buen control de dopaje".
De rojinegro a morado
Su decisión de abandonar a Liga Deportiva Alajuelense para integrar las filas de su archirrival, el Deportivo Saprissa, conmovió el mundo futbolístico en 1988.
"Fue difícil. Mi relación con la Liga se fue deteriorando. Los directivos pensaban renovar el equipo. No arreglaron con figuras consagradas, las dejaron ir y en su intención de remozar el cuadro, nos echaban a los experimentados una gran responsabilidad, puesto que íbamos a ser quienes tendríamos que dar la cara en los fracasos".
"Coincidentemente con mi llegada al equipo morado, se contrató a Josef Bouska, el entrenador checo que había sido mi técnico en la Liga. Y no más de entrada, Bouska me entregó el gafete de capitán.
"¡¿Estás loco, Josef?! Yo vengo llegando a Saprissa, cómo voy a ser el capitán si hay otras figuras de más trayectoria en el equipo, como Santana, Guimaraes...
"El tiempo de estar en un equipo no es credencial para designar al capitán. Usted llevará el gafete y punto", me respondió.
Con el Saprissa, Cayasso continuó la senda gloriosa que había iniciado siete años atrás en Alajuelense. Vistiendo la casaca morada obtuvo los títulos del 88 y 89, al tiempo que formó parte del proceso que llevó a Costa Rica por primera vez a un Mundial de Futbol.
La extraordinaria actuación de Italia 90 hizo que ustedes desplazaran a los famosos Chaparritos de Oro , y hasta ahora nadie superó lo que ustedes han hecho en el futbol...
No fue fácil. Antes del debut, ni Bora tenía certeza de que nos iría bien. Él no se sentía satisfecho con el rendimiento que muchos de nosotros estábamos dando. En una reunión que tuvimos él y yo, expresó sus preocupaciones, entre ellos la aceptación del grupo. Bora no estaba seguro de su ascendente en el grupo. Y me lo hizo saber.
"Nuestra reunión se dio porque yo dudaba de su planteamiento. Pretendía que jugáramos defensivamente, con Hernán Medford como única opción de gol. Hernán iría solo adelante y yo inmediatamente detrás de él, respaldándolo.
"Nos la íbamos a jugar él y yo contra siete defensores. Por eso lo fui a buscar, para expresar mis dudas. Y él me confesó sus temores".
Juan peregrino
La vitrina mundialista lo llevó a Alemania. Su aporte fue decisivo en el ascenso del Stuttgarter Kickers a la primera. En aquel país vivió momentos de gloria y situaciones difíciles. Fuera de la cancha, notaba la agresión rascista. "¡Un negro en un Mercedes Benz!" Muchos se asombraban cuando lo veían pasar.
"Sin embargo, en el estadio, me cantaban, me apoyaban...", evoca.
En no pocas oportunidades le tocó empezar de nuevo. Tras un peregrinaje no muy feliz por varios equipos chicos, dice Juan que su última aspiración de sumar el gol número 100 en su trayectoria, funcionó como excusa para seguir.
Apuró tragos amargos. Una lesión recurrente y el diferendo con el técnico español Juan Luis Hernández, que provocó su salida de Carmelita, se constituyeron en verdaderas piedras en el camino.
Positivo y emprendedor, piensa que todo ha servido para forjar su nueva meta: convertirse en director técnico. Su paso fugaz como asistente técnico de Álvaro Solano en el Municipal Puntarenas, también sirvió de laboratorio.
Hoy, a partir de las 11 de la mañana, Juan Arnoldo Cayasso enfrentará el final de su carrera futbolística. Para él, una forma de morir. Nada anormal, después de todo. Tras el día a día, todos morimos un poco. Para volver.