
Múnich. Si tomamos como referencia lo poco que la Selección de Costa Rica mostró a lo largo de su preparación para el Mundial, los aficionados ticos deberán presenciar el histórico debut de hoy ante Alemania con los dedos cruzados como mejor argumento.
Mas, si los jugadores costarricenses saben levantarse de los errores exhibidos en aquellos desastrosos fogueos, este partido puede convertirse en la gran oportunidad para entrar por la puerta grande en los anales del balompié.
Está claro que un esfuerzo extra de parte de los ticos será indispensable, por la disparidad de fuerzas con los teutones, que serán los huéspedes en la Copa.
El rival para esta cita es una de las mejores selecciones del orbe, cuyo ulterior objetivo es levantar el trofeo de campeón el 9 de julio en la ciudad de Berlín.
Por ello, a los costarricenses no les bastará con igualar el nivel que les permitió alcanzar este tercer boleto mundialista, en la débil zona de Concacaf.
Ni siquiera sería suficiente con el repunte mostrado ante República Checa el martes de la semana anterior.
Para salir de Múnich con un resultado digno, Costa Rica deberá superar incluso aquel honroso partido ante los checos, que jugaron sin varias de sus figuras.
Por las malas presentaciones en los encuentros previos, por la falta de consistencia en la idea táctica y por la escasa estatura internacional de varios de los jugadores suplentes, las principales armas de la Tricolor parecen ser la ilusión y el entusiasmo.
Justo como en el Mundial de Italia 90, cuando Costa Rica dejó boquiabierto al mundo con victorias ante Suecia y Escocia.
Goles. "El futbol es una excusa para ser feliz", dijo alguna vez el entrenador argentino César Luis Menotti, campeón del Mundo en la cita de 1978.
Para los alemanes, la única forma de alcanzar hoy esa felicidad sería llenar de goles el saco del cuadro costarricense.
El público germano jamás aceptaría menos.
Después de todo, desde el arrogante punto de vista de la mayoría de sus aficionados y periodistas la goleada es lo menos que se puede pedir ante un modesto equipo de Centroamérica, víctima de todo tipo de mofa en los últimos días.
Por ello, la primera misión del equipo tico debe ser romper el pronóstico más generalizado entre todos los que saben o dicen saber de futbol: abultada paliza a favor de los alemanes.
Aunque el escenario ideal para cualquier equipo siempre es la victoria, dadas las actuales circunstancias para Costa Rica un empate tendría el mismo significado que los tres puntos.
Incluso, perder por un margen estrecho permitiría encarar los dos partidos siguientes -Ecuador y Polonia- con la confianza de haber impedido un festín de los germanos.
Pero en el cuadro tico nadie habla de esta última posibilidad. Por lo menos en público.
El grupo dice estar recubierto por una coraza de optimismo de la que solo se filtran palabras de confianza. Ese es el panorama que se observa desde afuera.
En todo caso, la historia de este deporte avala de alguna forma la ilusión tricolor. El recuerdo de Senegal doblegando a Francia aún está fresco, y es solo una entre muchas señales de que el más pequeño puede dar la sorpresa.
Ante un rival en teoría superior, Costa Rica inicia la búsqueda de un campo en la siguiente fase, que es el gran objetivo para esta Copa.
Hoy es el gran día para lucirse, porque literalmente todo el mundo estará viendo este juego.