"Un campeón no nace, se hace". Claudia Poll confirma esa frase del entrenador Francisco Rivas, porque su éxito no salió de un cuento de hadas; más bien se construyó sobre un andamiaje de trabajo e investigación.
Este reportaje nació como un intento de descubrir las cualidades físicas que convierten a Claudia en la mejor nadadora del mundo, en el estilo libre, pero la realidad nos mostró, en cambio, un compendio de factores que se unen para conformar a la atleta más destacada en la historia costarricense.
Su técnica innata, un trabajo de 17 años para afinarla y la motivación que le permite seguir disfrutando de la natación aún después de ese tiempo son los ingredientes de la receta de esta reina de la piscina.
"Claudia es el producto de esquemas de trabajo previamente pautados, los cuales finalmente llegó a superar y como resultado tenemos a una campeona mundial". Rivas lo pone así de fácil.
"Claudia se hizo campeona, antes no lo era. Yo nunca he tenido un campeón que haya nacido, todos se han hecho. Alguna gente piensa que tengo un ojo clínico para descubrir campeones, pero no es así, el trabajo los ha ido marcando. Hacer un campeón mundial es sencillísimo, simplemente hay que ir cumpliendo con las fases de un plan", agrega.
Para Claudia la razón del éxito se escribe con solo cinco letras: Frank. Ella le atribuye todos los méritos a su mentor, quien ha sabido explotar las cualidades de una nadadora que lejos de disminuir su ritmo tras lograr la medalla de oro en las Olimpiadas de Atlanta 96, mejora conforme pasan los días.
Técnica exquisita
No hay un manual exacto para todos los nadadores, pero sí una técnica universal que se aplica al estilo de libre. Y Claudia tiene una facilidad como pocas para ejecutarla.
Eso la ha convertido en una de las nadadoras que nada más bonito en el mundo. Pero eso no es suficiente. Rivas -y antes la coentrenadora Montserrat Hidalgo- tuvieron que hacer unos ajustes para que además fuera efectiva.
"Cuando hablo de la técnica, hablo de la mejor técnica para Claudia, porque si siguiéramos solamente la técnica universal, no nos daría a una Claudia con estos resultados", aclara Rivas.
"Yo he investigado y logré colocarla en lo más conveniente para ella". Esa fase de ubicación comienza desde el momento en que se escoge el estilo. Claudia, al ser larga y con poca masa muscular, tiene las características de una nadadora de libre especializada en largas distancias.
Su estilo de patada alterna -dos batidos por brazada, en vez de los seis batidos que utilizan la mayor parte de los nadadores- no le ayudan para competir en las explosivas pruebas cortas (50 y 100), pero en cambio le permiten un ahorro de energía y oxígeno que son vitales en las competencias de fondo (400 y 800).
Lo que sí resulta difícil de explicar es su capacidad para dominar el 200 libre, la mejor prueba de su repertorio, y que se considera más como un evento de velocidad.
Es quizá esa técnica tan depurada que tiene y su fuerte brazada las que le ayudan a compensar la potencia que no le dan las piernas.
Hidalgo dice que un técnico inteligente sabe amoldarse a las características de su atleta, y eso es lo que ha hecho Rivas, sin forzar a Claudia para que se ajuste a un estilo que no va con su fisonomía.
"Las piernas de Claudia son muy largas y pesadas, y requiere mucho esfuerzo para moverlas". Por eso Hidalgo piensa que la patada alterna es lo mejor para la ondina.
Rivas confiesa que ante la poca tracción que le dan a Poll sus extremidades inferiores, en ella se ha reforzado el trabajo en los brazos, con el inconveniente de que no tiene contextura suficiente ni le gusta tanto el trabajo del gimnasio como para lograr un gran desarrollo muscular.
Ante esas limitaciones, el entrenador optó por brincarse una de las reglas del estilo libre. Aunque la buena técnica indica que el nadador debe ir con la cabeza en una posición aerodinámica -con la superficie del agua a la altura de las cejas- para ofrecer menos resistencia al agua, Rivas concluyó que para su pupila era más beneficioso levantar un poco la cabeza.
"Con eso logramos que se agarre mejor al agua, que posicione mejor el brazo para que su traslación sea efectiva. A la vez provoca que su brazada sea perfecta, una brazada de fuerza total".
De acuerdo con el entrenador, los brazos le aportan a Claudia el 80 por ciento de su tracción en el agua y las piernas un 20 por ciento.
Los resultados saltan a la vista. Claudia es la mejor del ranking mundial en 200 y 400 libre, y la segunda en 800. Con este tiene ya nueve años de estar en la elite del planeta y es considerada como la favorita en libre para el próximo Campeonato Mundial de Piscina Larga, que se celebrará en enero próximo en Perth, Australia.
La motivación
Existe un factor que ha sido fundamental para lograr no solo esos y otros cambios que ha hecho Rivas en el estilo de Claudia, sino también para soportar los 17 años de trabajo, seis días a la semana, y durante cinco horas diarias.
Para Francisco, la motivación es la madre del triunfo de Poll. "Representa un 90 por ciento del éxito", considera. El resto se reparte entre el trabajo en el gimnasio y los entrenamientos en la piscina.
Y esa motivación no solo significa darle ánimo, sino también quitarle presión, inducirla para que logre algo y hasta engañarla, a veces.
"Al revés de otros procesos, con Claudia no funciona la `chancleta' (castigo, en el sentido deportivo). Con ella ha sido diferente, hay que ser persuasivo en exceso", afirma Rivas.
El entrenador optó, entonces, por hacer que Claudia se divirtiera y le encontrara siempre el gusto a lo que hace. Y aunque hizo que Poll sintiera eso parcialmente durante los últimos seis años, fue apenas hace unos meses cuando lo consiguió a plenitud.
El cambio en la atleta así lo muestra, porque ahora vive como nunca la natación. Ella siempre ha dicho que la diferencia entre la Claudia antes de Atlanta 96 y la que compite ahora es que en este momento ella no tiene nada que demostrar y solo nada para divertirse.
"Ella nada porque quiere, ya todo lo hizo. El deportista llega, triunfa y se retira, pero no disfruta el triunfo. Para Claudia lo más importante en este momento es que disfruta la natación", resume Rivas.
Aquí radica, indudablemente, la razón por la cual Claudia no para de mejorar. "Está haciendo las maravillas más increíbles porque tiene esa gran alegría dentro de ella misma".
Rivas afirma que la motivación evita la monotonía de practicar todos los días en uno de los deportes más aburridos que hay para entrenar. A partir de ahí, logra darle vida a la lucha cotidiana de su atleta contra el reloj, que a la vez se convierte en el evaluador insigne y también en un elemento motivador.
Así lo explica Claudia: "Mi gran objetivo siempre es hacer los mejores tiempos, así sea durante un entrenamiento, siempre trato de superar mis tiempos, y cuando lo consigo, aunque tan solo lo haga en 20 centésimas -como sucedió con el 200 libre en el último Campeonato Pan Pacífico- siento como si fuera el gran logro de mi vida".
"Esa satisfacción personal hace que las medallas al fin y al cabo no cuenten, porque lo más importante es la sensación de que lo hice, y aquello por lo que entrené durante tanto tiempo vale la pena".
Esa batalla contra el cronómetro hizo que Rivas agregara a su receta un elemento innovador, como es la estadística, que lleva día a día, con cada uno de sus nadadores, para evaluar con resultados el trabajo de sus dirigidos.
La motivación también le permite a Poll dominar el ambiente en las competencias. Su entrenador cuenta que para los 200 libre en la Olimpiada de Atlanta, él le recordó a Claudia que al salir a la piscina del Georgia Tech Aquatic Center, escucharía a los 15 mil aficionados con su incansable coro: "USA, USA", en apoyo a las nadadoras estadounidenses.
"Yo le dije a Claudia que en vez de eso, pensara que estaban diciendo: `Costa Rica, Costa Rica'". La estrategia funcionó, pues Poll dice que a la hora de la final sintió que los gritos del público eran de apoyo para ella, y finalmente logró la medalla de oro.
La ausencia de un estímulo económico, como sí lo tienen nadadores de países desarrollados y que son potencias mundiales en la natación, obliga a que Rivas y Poll formen "un banco de alegrías e ilusiones que compense eso. La alegría personal, la satisfacción personal es la que nos hace seguir, nada más. Tal vez suene ridículo o muy romántico, pero, ¿qué otra cosa nos queda?".
Llenar ese banco de motivación representa todo un reto para Rivas, quien ha debido recurrir a diversos trucos, como poner banderas de Costa Rica en los escenarios del exterior donde nada Claudia, pedirle a sus compañeros del Cariari que le escriban cartas que le da a la nadadora durante las giras o hacer algunos cambios en el plan de trabajo que logran un efecto catártico.
"Un campeón mundial no se inventa de la noche a la mañana, un récord mundial no se da por una casualidad. Un campeón o un récord mundial se crea, se construye", piensa Rivas.
"Claudia no es una sorpresa, es un caso construido". La conclusión de Rivas es la respuesta que buscábamos. El éxito de Claudia se cimentó sobre un andamio que aún no se termina de construir.
¿Una veterana?
Francisco Rivas * Para la Nación
Muchas veces escucho la misma pregunta acerca de la edad de Claudia (24 años) y les sorprende saber que con sus años alcanza tan altísimo rendimiento. Es muy importante comentar sobre este aspecto en la natación mundial y muy especialmente en la rama femenina.
Con ocasión de los Juegos Olímpicos de Moscú 1980 y el bloqueo que se realizó a estas justas deportivas, muchas nadadoras que para esa época se aprestaban a competir, tenían entre 14 y 16 años, pero debido al boicot debieron esperar cuatro años más para los siguientes Juegos Olímpicos de Los Angeles 1984. Por eso, muchas de las ganadoras de medallas olímpicas lo lograron con edades de 18 y 20 años.
Cuando finalmente el mundo olímpico se reunió de nuevo, en Seúl 1988, se presentaron las primeras nadadoras ganadoras de medallas con edades entre 22 y 24 años.
Esa corriente de cambio circunstancial, provocada por dos boicots, se ha seguido manifestando cada día con mayor intensidad en las mujeres, además de que muchas ya han contraído matrimonio y continúan entrenando, compitiendo y ganando.
Tales son los casos de Sandra Volker (Alemania), con 23 años; Jenny Thompson (EE.UU.), 24; Kerstin Kielgass (Alemania), 28; Lea Loveless (EE.UU.), 27; Samantha Riley (Australia), 25; Susan O'Neill (Australia), 27; Marianne Limpert (Canadá), 25 y Michelle Smith-de Bruin (Irlanda), 28.
Por supuesto que también hay un grupo de nadadoras con edades entre 15 y 17 años que por lo general, en la gran mayoría de los casos, no llegan a sobrepasar los 20 años.
¿Cómo explicar el caso de Claudia? Recordando que fue una niña de siete años que a partir de 1979 empezó a aprender el dominio de los cuatro estilos básicos de la natación, entrenando muy pocas veces a la semana y realizando prácticas más como una diversión que como un entrenamiento.
Durante ocho años no logró obtener ningún título individual de campeona nacional, logró integrar algunas selecciones nacionales a nivel infantil, a veces como nadadora acompañante, otras como suplente y finalmente como integrante de un relevo.
Por primera vez obtiene un título de campeona nacional en 1987, en la categoría juvenil A y en ese año, por primera vez, logra triunfar como seleccionada nacional de forma individual.
Los anterior nos demuestra cómo Claudia transcurrió sus primeros años en categoría menor (7-8 años), infantil A (9-10), infantil B (11-12), sin lograr consolidarse como una nadadora de rendimiento por cuanto no se le exigía ningún esfuerzo importante en sus entrenamientos.
A partir de 1988 y hasta la fecha sus entrenamientos se han ido intensificando gradualmente, sin llegar al sobreentrenamiento, sino divirtiéndose al entrenar y siendo feliz al competir.
Es cierto que 17 años de estar en la natación es mucho tiempo, pero el tiempo que lleva en la cima de la natación es muy poco aún.
(*) Francisco Rivas es entrenador de Claudia Poll.