Los Ángeles (EE. UU.). Con las caras largas y ánimos contradictorios por la humillante derrota del viernes ante los Pacers de Indiana 120-87 los Lakers de Los Ángeles regresaron ayer a sus predios, donde el técnico Phil Jackson apelará a toda su filosofía "zen" para levantar ánimos y enmendar errores.
Cuando todo el mundo esperaba que el conjunto angelino, con la serie 3-1 a su favor, aplastaría definitivamente a los Pacers para llevarse su decimosegundo título de la NBA, después de la impresionante victoria del miércoles, los muchachos de Jackson cometieron el error de subestimar a sus rivales, creyéndoles vencidos de antemano.
"Pienso que jugamos un buen baloncesto en los primeros minutos, pero la perdida de balón de Shaq que llegó a las manos de Rose y se la pasó a Miller para que completase una acción ofensiva de cuatro puntos fue lo que cambió la historia al darle a los Pacers la moral que necesitaban y a nosotros nos distrajo", explicó Phil Jackson, entrenador de los Lakers.
Jackson también reconoció que su equipo no jugó con intensidad, no hizo buena defensa y, sobre todo, que salió al campo pensando que ya eran campeones.
"Antes del partido dije que para mí era un misterio encontrar la fórmula ideal para evitar que los jugadores saliesen al campo con demasiada confianza", declaró Jackson. "Sé que es algo natural cuando se tiene la ventaja de 3-1, pero también un gran peligro".
Pero este no fue el único problema que tuvo Jackson con el quinto partido. El escolta Kobe Bryant presentó unos numeros lamentables: solo ocho puntos (4 de 20 tiros de campo). Jackson había dicho antes del partido que Bryant a sus 21 años "probablemente era mejor jugador que Michael Jordan cuando tenía la misma edad".
"Bryant quiso hacer de nuevo su mejor baloncesto, pero no encontró el ritmo y no jugó bien", comentó Jackson. "Sabíamos que iba a ser un partido difícil y después de que acertaron con un 65 por ciento en los tiros de campo en la primera mitad, nuestras opciones de triunfo desaparecieron".
Sin embargo, Jackson no quiso explicar por qué mantuvo tanto tiempo en el campo a Bryant cuanto estaba fallando todo y no le dio más tiempo al alero Glenn Rice como tercera opción.
El problema para los Lakers es que la derrota del quinto partido no solo no los ha coronado como campeones, sino que ha dejado al descubierto de nuevo grandes debilidades como equipo. Solo el pivote Shaquille OíNeal mantuvo el nivel con 35 puntos y 11 rebotes.
Otra de las consecuencias, y tal vez la peor, es que los Pacers se han dado cuenta que pueden ganar a los Lakers, y a pesar que ningún equipo en la historia de la NBA ha podido superar una desventaja de 1-3 en la final, el de Indiana se ha colocado como el candidato ideal para lograrlo.