Ciudad del Cabo, AFP. El espíritu festivo continúa en el Mundial de fútbol de Sudáfrica-2010, pese a la tempranera eliminación de los 'Bafana Bafana' y al magro desempeño de los otros equipos del continente, aunque el corazón de la "ayoba" (alegría) no late igual en todo el país.
Los sudafricanos reconocen por unanimidad que el país está en fiesta desde el comienzo de la Copa del mundo. Las banderas, y no sólo la sudafricana, son omnipresentes, tanto en los balcones de las casas como de los apartamentos, en las ventanillas de los autos y hasta como una original cobertura de los espejos retrovisores.
"Hay un superambiente que amalgama a todos los sudafricanos de todos los colores de piel. Nunca habíamos visto algo así", subraya Margo Abrahams, una peluquera en un barrio turístico de Ciudad del Cabo. Sin embargo, a pesar de que el régimen del 'Apartheid' (expresión en Afrikaans) cayó hace 16 años, tanto el deporte como la vida social son cuestiones de raza.
Vuyo Vudleleui, vendedor en un centro comercial del Waterfront, afirmaq que el Mundial ha sido algo positivo.
"La Copa del Mundo hace feliz a la gente. Es algo que se siente. Nadie me habla de estrés, de trabajo, sólo de fútbol", afirma. Y, a su entender, la fiesta lleva hacia un nuevo entendimiento entre los diferentes integrantes de la sociedad.
"Por ejemplo, la vuvuzela, antes era sólo cosa de los negros, ahora la adoptó todo Sudáfrica. El Mundial va a ser un trampolín para el país, algo que nos hará avanzar más rápido", afirma con orgullo.
Desde hace tres semanas, las secciones de correo del lector de los diarios han sido inundadas por mensajes destacando las "buenas vibraciones' del actual momento.
"No podemos dejar morir este espíritu que se apoderó del país. El mejor regalo de este Mundial fue haber permitido a los sudafricanos de todos los orígenes volverse profundamente patriotas", destaca Aubrey K. en el Sunday Times.
Por su parte, el presidente Jacob Zuma declaraba recientemente que "Sudáfrica no había conocido tanta energía y júbilo desde la liberación de Nelson Mandela (en 1990)".
Según los sudafricanos, la integración con los cerca de 300.000 visitantes extranjeros llegados para el Mundial se desarrolla sin problemas, ya sea en las "Fan Fest", que ya han acogido a tres millones de aficionados, o en los barrios turísticos de las principales ciudades del país.
El contexto de inseguridad, que pudo haber contribuido a que otros 150.000 turistas finalmente no llegaran al país, no parece ser un problema importante y la acogida calurosa de los sudafricanos es muy apreciada.
Incluso, la eliminación en primera ronda del equipo nacional no afectó al buen humor de los sudafricanos, que se han alineado masivamente con otros equipos mundialistas.
En general, el preferido es Brasil, por su prestigio y sus colores, que son los mismos de los 'Bafana Bafana', o Ghana por razones afectivas, al ser el último representante continental aún en liza.
"¿Pero, tú no eres africano?", preguntaba en un pub de Kalk Bay (sur de Ciudad del Cabo) Wayne Dante a uno de sus amigos que, el sábado, apoyaba a Estados Unidos frente los 'Black Stars'.
En Durban, un tradicional feudo del rugby, donde, por lo tanto los blancos parecen más refractarios a la locura mundialista, la clasificación de Ghana a cuartos de final fue festejada con vuvuzelas, kláxones y gritos de júbilo.
El espíritu del Mundial se puede palpar sobre todo en las grandes ciudades, en los barrios de Sandton, Mandela Square y Newtown en Johannesburgo o en el Waterfront y en el barrio de Long Street en Ciudad del Cabo.
Como Johannesburgo dispone de dos estadios mundialistas y se encuentra a menos de cinco horas en auto de otras ciudades que también albergan partidos de la cita mundialista, el pulmón económico del país ha sido tomado como campo de base por numerosos hinchas, que se aglutinan en los restaurantes y bares de los centros comerciales para seguir los partidos.
Pero, las pequeñas ciudades del norte, como Polokwane y Rustenburgo, donde los estadios están más alejados de las ciudades, o en Bloemfontein, o incluso en la misma capital administrativa Pretoria, se encuentran en desventaja respecto a Johannesburgo y su zona de influencia, a causa de las bajísimas temperaturas invernales.
Incapaces de mantener por varios días a los turistas y poco propicias para hacer la fiesta, el espectáculo de las calles desiertas por las noches es casi moneda corriente en estas ciudades.