San Isidro de El General. La valentía del hombre no solo se determina al realizar grandes proezas. El hombre es valiente cuando es capaz de aceptar sus errores, enfrentarse a sí mismo, a sus acciones, a sus problemas y tiene el coraje de salir adelante.
Es el caso del futbolista generaleño Farlen Ilama Solís, quien luego de disfrutar de una exitosa carrera deportiva debió ser más valiente que nunca y aceptar, a finales del año pasado, que necesitaba ayuda para tratar de ganarle la batalla al alcoholismo.
Ilama llegó a reconocer que su lucha contra esta enfermedad se le salió de las manos y puso en juego todo lo que tenía, incluso la vida. Esta situación le trajo grandes dificultades en su paso por varios clubes del país y le arrebató, entre otras cosas, la oportunidad de jugar en Europa.
La situación tocó fondo con una carrera desboronándose y una familia cansada de insistirle en que cambiara. Pero también acabó con su matrimonio y perdió el contacto con su única hija, Anyale, de cinco años.
Ahora, ya desintoxicado tras salir de una clínica de rehabilitación en Heredia –Centro Salvando al Alcohólico–, Farlen recordó que “estuve a punto a perderlo todo” por culpa de su adicción al licor. A los 30 años quiere recuperar su vida y empezar de nuevo.
Del éxito al caos
Desde su niñez y hasta los 17 años, Ilama formó parte de las liga menores de Pérez Zeledón. En 1990 el club ganó el título de Segunda y ascendió a la Primera. Era una época feliz en su vida.
Con los Guerreros del Sur destacó entre 1992 y 1997, año en el que saltó al Saprissa. Allí, reconoció, comenzó su calvario con el licor durante el tercer año de estar con los morados. Su adicción a la bebida lo hizo descuidar los entrenamientos, bajar su rendimiento y lo relegó al banco de suplentes.
A él lo afectó la partida del entonces técnico morado Alexandre Guimaraes para el Comunicaciones (Guatemala). “Cuando Guima volvió quise retomar el trabajo, pero como buen alcohólico volví a tomar y fui de mal en peor”, dijo.
El ambiente del futbol y su éxito en el Saprissa lo inclinaron hacia el alcohol. “Era un equipo grande, hubo mucha presión que no supe asimilar. Me refugié en el alcohol como una escapatoria”.
Por ello la directiva morada le llamó la atención. Pero Ilama no quería tener más problemas y regresó a Pérez Zeledón. Allí encontró una nueva directiva, nuevos compañeros y celos entre los jugadores; en resumen, una situación hostil que se le fue de las manos.
De nuevo el licor lo metió en problemas y la directiva lo suspendió sin goce de salario. No soportó la situación y presentó su renuncia. “Estaba metido en el alcohol y no pensaba claramente, estaba ya fuera de control, pero yo no lo notaba”, se lamentó Ilama.
Entonces, Carlos González, del Carmelita, le ofreció jugar por una temporada. Sin embargo, la situación no cambió y cuando iba a renovar el contrato se apartó del club. “No era el mismo en la cancha, experimentaba más cansancio; los últimos 15 minutos de un juego era difícil aguantarlos”.
Nuevamente sin trabajo, recibió la oferta para jugar con Osa. No lo pensó dos veces y se marchó al sur, con toda la disposición de empezar una nueva vida.
Pero recayó de nuevo. Luego de llegar tarde a un entrenamiento, le llamaron la atención y sin pensarlo partió de nuevo a Pérez Zeledón y no completó la temporada.
Todos estos capítulos difíciles le hicieron perder la opción de formar parte de la Selección y de estar en un Mundial. También se le cerraron las puertas para actuar en Suiza y Austria, por descuidar una lesión en una rodilla.
Tocar fondo
De nuevo en casa, se refugió en el licor. “Me levantaba a las 7 a. m. y salía a tomar hasta la noche. Regresaba a la casa y pasaba las noches sin poder dormir”.
Pasó dos meses sin ver a su hija y su familia se rindió. En diciembre, Farlen ingresó a la clínica de rehabilitación en Heredia, con ayuda de familiares y amigos. “Me estaba olvidando de mis responsabilidades, incluso llegué al límite de perder a mi hija, pero reaccioné a tiempo”, reconoció.
Luego de un difícil período de recuperación, Farlen trata de rehacer su vida. “Es una lucha diaria, un problema muy grande. Uno piensa que el alcohol no hace daño y se dice: ¿es realmente una enfermedad?, y luego comprende que es la peor de todas”.
Dentro de sus principales proyectos está regresar a jugar. Para ello piensa reanudar su entrenamiento y prepararse para la próxima temporada y esperar alguna oferta de la Primera División.
Aunque aceptó que su historial se manchó por su enfermedad, tiene fe en que todo saldrá mejor de ahora en adelante. “A la afición que no se apartó y que siempre creyó en mí, le pido disculpas. A veces uno hace daño y no se da cuenta. Espero volver y regalar un poco de alegría”, concluyó.