
El réferi, cauto con las innovaciones del futbol, es el mismo que dirigió la única derrota de los peninsulares en el torneo, el sorpresivo 1-0 ante Suiza, en primera fase.
Webb, un hombre que saca al menos cinco tarjetas rojas promedio por año, fue también quien pitó la final de la Liga de Campeones de Europa, duelo en el que estuvo también el holandés Wesley Snjeider.
“Sería un gran honor estar en la final”, comentó el árbitro, antes de conocer su designación.
“Es el objetivo final para todos en el mundo del arbitraje”, dijo.
Webb, quien admitió que los yerros que comete en los partidos lo dejan “devastado” por días, es considerado uno de los mejores árbitros del mundo, a sus 39 años.
Ha dirigido dos juegos en el Mundial, también participó en la Liga de Campeones, así como en la Liga Inglesa, en la UEFA y en la Copa de Confederaciones.
Su secreto, según admitió, es su equipo de trabajo, con el cual dice tener un vínculo casi telepático.
Sobre lo mismo, dijo que una de sus claves es no alargar los debates entre árbitros en jugadas confusas. “No podemos gastar diez minutos en tomar una decisión”, aseguró.
Aunque acepta discutir innovaciones en el arbitraje, Webb es cauto sobre ellas. “Tenemos que ser cuidadosos de no cambiar la naturaleza del juego”, opinó.
No obstante Webb, aceptó la posibilidad de introducir árbitros en las porterías, sujeta a pruebas previas. “Quizá sea un muy buen asistente para esas decisiones (difíciles) en el área penal”.
De hecho, desde el año 2000, contra todo pronóstico estadístico, ha sacado dos tarjetas rojas en un mismo choque en tres ocasiones.
Entre sus desempeños internacionales a partir de entonces figuran la Copa Mundial Sub-20 de la FIFA en Canadá, en la que tuvo a su cargo cinco partidos.
El año pasado arbitró la final de la Copa inglesa entre el Chelsea y el Everton y cuatro encuentros en la Copa Mundial Sub-17, obteniendo un gusto anticipado en Sudáfrica al dirigir tres cotejos en la Copa de Confederaciones.
El futbol está arraigado en su familia, ya que su padre y su abuelo eran fanáticos del balompié.