No hubo euforia aquel 22 de abril de 1951, cuando el Atlas de Guadalajara, por fin y por única vez, fue campeón de la liga mexicana, gracias a la clase de un legendario futbolista costarricense.
Su ala izquierda, Edwin Cubero fallecido la semana pasada en México, a los 76 años, consiguió un oportuno penal que significó el único gol del juego.
Un recuerdo para la afición del equipo tapatío, que aún hoy, 49 años después, se mantiene imborrable.
El popular equipo rojinegro enfrentaba a su archirrival de la época y de siempre, las Chivas del Guadalajara, en el último encuentro de la temporada. La prensa azteca de esos años lo describía como "el partido definitivo".
De ganar, el Atlas de Cubero se coronaría monarca de la liga 50-51; pero de empatar o perder, forzaría al Atlas a esperar el siguiente encuentro contra el Atlante. Pero, un tico fue el "culpable" de cambiar el rumbo de la historia...
El Parque Oro, antiguo estadio tapatío, estaba abarrotado hasta su máxima capacidad... lleno hasta la azotea. La cifra de 15.305 espectadores dejó una recaudación histórica de 44.500 pesos.
Hubo angustia en la tribuna y un empate sin goles en el primer tiempo. Pero a los diez minutos del complemento, en un entrevero dentro del área de las Chivas , el árbitro Salceda decreta el penal, a favor del Atlas, por una mano en el brazo derecho de Rafles Orozco.
El viejo técnico argentino del Atlas, Eduardo Ché Valdatti, dudaba y se notaba desesperado. No sabía qué hacer. El "grandioso tico" Edwin Cubero no era el tirador oficial, pero, muy decidido, se ofreció a cobrarlo.
Cubero logró su gol 11 de la campaña, al ejecutar al ángulo izquierdo y el arquero Jaime el Tubo Gómez, quien se tiró al lado contrario. Fue el gol definitivo del 1 a 0, que significó el título para el Atlas, con 30 puntos alcanzados.
Un aficionado de los Chivas no toleró aquello y cayó, fulminado, por un ataque al corazón...
Fría celebración
"No hubo euforia, ni salí corriendo como ëlocoí porque esas payasadas no se usaban antes... Apenas un apretón de manos entre compañeros, y a caminar solemnes hacia el manchón central", según recordó a Iván Sánchez, corresponsal en Guadalajara del diario Universal del Distrito Federal, en junio pasado.
Fue su última entrevista en vida, pues Edwin falleció el pasado 8 de marzo en la ciudad de Guadalajara, donde residía, víctima de una insuficiencia renal que lo aquejaba.
A Guadalajara, capital del estado de Jalisco, llegó en 1948 luego de que fue observado por Onorato Etiene, hermano de uno de los directivos del Atlas, mientras viajaba a Suramérica para atender su negocio de telas.
En Costa Rica vio un partido y ahí lo descubrió. Era apenas el tercer juego que hacía Edwin en la Primera División tica, en el Club Sport La Libertad. Habló con él y le ofreció viajar a México, donde se quedó para siempre.
Ya en el Atlas, el técnico Eduardo Valdatti le sugirió ser extremo izquierdo. "Para mí, ser centro delantero lo era todo. No me gustó su decisión, pero en el siguiente partido me di cuenta de que era más sencillo anotar así, de frente, elaborando tu propia jugada. Anoté tres y me quedé para siempre con el puesto", dijo en el relato que dio al Universal .
Cubero está situado como una de las máximas glorias del popular cuadro de Guadalajara, que era conocido como "La Academia". Sus seguidores lo recuerdan también como el máximo anotador en la historia del Atlas, con 81 anotaciones.
Entre sus muchas hazañas, en México se rememora aquella cuando en un torneo cuadrangular en Estados Unidos, le anotó tres goles al Boca Juniors de Argentina (Atlas ganó 3-2); y en otros amistosos convirtió cuatro al Manchester United de Inglaterra (6-6) y dos al River Plate argentino (3-3).
En 1956, el Atlas decidió prescindir de sus extranjeros y, de esta forma, fue transferido por un corto período al Puebla. Este hecho lo molestó tremendamente, ya que un año antes se le había negado una venta al Manchester, y decidió abandonar el futbol para siempre.
Edwin Cubero consolidó, tras su retiro, un negocio de mudanzas que le hizo un acaudalado empresario, aunque nunca ocultó que añoraba a su país. Dejó 14 hijos y tuvo 11 hermanos. "Dios me ha dado más de lo que merezco", fue su frase final a la prensa azteca.
El miércoles 8 de marzo, el día de su muerte, se le guardó en la noche un respetuoso minuto de silencio en el estadio Jalisco, durante el duelo entre Atlas y Universidad de Chile. El mismo se repitió el sábado siguiente, cuando el Atlas recibió por el campeonato al Necaxa.
¡Qué mejor tributo al máximo artillero que ha tenido el cuadro tapatío, en toda su historia futbolística!
Colaboraron en esta información José Antonio Pastor, Rolando Cardona, Arturo Enrique Cortés y Benito Hernández.