Heredia. Los estrategas del futbol compiten de costado. No se ven de frente, como en los juegos de mesa. Miran al campo y sacan sus cartas sin exponer la baraja.
Casi cautivos, se mueven de un lado a otro. Fieras inquietas entre el banco y la cal. Saltan de sus asientos, gritan y gesticulan para volverse a sentar.
Nervioso, eléctrico, temperamental, el viejo zorro hurgó tres veces en su manga. Los ases de Odir Jacques contribuyeron a edificar la victoria herediana.
Gilberth Solano, Juan Carlos Arguedas y Try Bennett, un trío protagonista, las permutas del segundo tiempo que permitieron al técnico anfitrión hincar a su colega Guilherme Farinha tras el primer careo.
Herediano ganó uno a cero y lo hizo con justicia. El plantel rojiamarillo golpeó primero con su ventaja mínima, pero ventaja al fin, en su aspiración de anexarse el torneo de Clausura y forzar a una final que podría ser de infarto.
¡Qué buen partido! Los contendientes demostraron con creces que merecen estar ahí, disputando palmo a palmo la obtención del gallardete.
Primero cálculo, luego arrojo. Estudio, cautela y tacto; después gallardía.
Las acciones del primer período evidenciaron una actitud inédita en la escuadra rojinegra. Alajuelense no se lleva con la cautela. No le sienta, no le va.
Aún así, los 45 minutos de la inicial gravitaron en torno a esa característica, que los locales no supieron aprovechar.
Arriesguemos un criterio. Quizás Farinha planificó jugar conservadoramente en la etapa inicial, apretar durante el primer cuarto de hora del complemento y recular después.
Dada la situación descrita, el primer tiempo careció de emociones. Fueron 45 minutos de un largo estudio con marcación rígida. Hierro sobre creatividad. Gendarmes y centinelas. Magos sin liebre; fracs sin sombrero.
¡Por fin, el vértigo!
Cuando Rodrigo Badilla (¡qué buen arbitraje!) ordenó el reinicio, los actores nos metieron de lleno en el fervor y el grito. Era otro partido.
La Liga se vino encima. Al dejar la cautela revivió Wílmer, también Izaguirre; Bryce buscó el enchufe, comenzó a correr Solís y el ariete Erick Jiménez hasta entonces lejano se acercó a su hábitat: el corazón del área.
Al 53, tras un tejido nítido entre Bryce e Izaguirre, salió un centro al área. La escuadra cargó dos veces. Primero Jiménez, después Bryce. En ambas, Hermidio se comportó a la altura y rechazó con categoría los dardos venenosos.
Entonces, Odir se movió en el banco. Tras efectuar las permutas descritas, Herediano buscó con decisión resolver en el epílogo, mientras la Liga retornó al cerrojo.
Al 79, Juan Carlos Arguedas avanzó por el centro, extendió a Try Bennett y este elevó el globo hasta la cabeza de Gílberth Solano.
¡Ganó la torre! Uno a cero, la victoria. Adrenalina rojiamarilla, escozor rojinegro.
En el último trecho, Herediano consolidó una victoria que comenzó a gestar con sus cartas escondidas. Veamos: el aporte de Leonardo González, un novato que crece; la función silenciosa de Floyd Guthrie, el despliegue y pundonor de Mínor Díaz, sin olvidar el buen papel de Hermidio en el arco y, por supuesto, los tres cambios vitales: Solano, Arguedas y Bennett.
No se ven los rostros. Miran al campo, juegan sus cartas y cuidan la baraja. Odir ganó el primer reto.
Resta el segundo encuentro, que podría ser definitivo si la Liga logra sobrepasar el margen mínimo que acumula Herediano... O forzar la continuación.