Por Santiago Gras
Alicante, 25 jun (EFE).- El Hércules ha puesto fin, tras empatar hoy (1-1) con el Alcalá de Henares -al que derrotó 1-3 en el partido de ida-, a seis años de penitencia en "el pozo" de la Segunda B, tras consumar su regreso a una categoría que, por historia, jamás debió haber abandonado.
La división de bronce del fútbol español es como un cementerio para equipos que, por su teórico potencial, deberían militar en categorías superiores. Y es que supone casi un milagro dar el salto a la categoría superior pues, no en vano, sólo cuatro de los ochenta equipos que inician la temporada con esa ilusión lo consiguen.
Seis temporadas y tres promociones de ascenso son las que ha tenido que esperar el Hércules para, de la mano de Juan Carlos Mandiá, regresar a Segunda, categoría que perdió en la campaña 1998-99, sólo dos años después de haber participado en la llamada "Liga de las Estrellas".
Han sido cinco años de penurias económicas -suspensiones de pagos incluidas-, dificultades institucionales (como tener que compartir el estadio Rico Pérez con el Alicante y convivir con los éxitos de su 'vecino') y decepciones sobre el terreno de juego hasta que la nave herculana ha conseguido salir a flote en el sexto intento.
Pese al éxito final, que en definitiva es lo que se recordará entre los aficionados, la temporada no ha resultado un camino de rosas para un club que, por historia y presupuesto, siempre ha llevado colgado el cartel de favorito.
En su segunda temporada como director deportivo herculano, Javier Subirats, ahora en el Valencia, apostó por mantener gran parte del bloque de jugadores de la campaña anterior y, sobre todo, al técnico José Carlos Granero.
Subirats echó mano de sus lazos con el Valencia y reforzó el equipo con jugadores como Carlos Pérez o Sisinio González 'Sisi', procedentes de las categorías inferiores del club de Mestalla.
Además, entre otros, incorporó al máximo goleador del grupo en la temporada anterior, Jordi Martínez, y también jugadores con experiencia en la categoría como Julián Palacios y en Segunda División, como Patricio Moreno 'Patri'.
Sin embargo, durante la primera parte del campeonato, el equipo no cumplía las expectativas y amenazaba con un fracaso más. El club deambulaba en lo deportivo y arrastraba consigo a la parte institucional.
Todo cambió con el traspaso de poderes entre Enrique Ortiz y Valentín Botella. Ortiz, hasta entonces máximo accionista y presidente del club, dejó la presidencia en manos de Botella cuya primera decisión, casi inmediata, fue la destitución de Granero.
Con la marcha de Granero y la apuesta de Subirats y Botella por Mandiá, el entorno del club se calmó. Tras un inicio algo dubitativo, la apuesta del preparador gallego por el fútbol control, alejado de los ideales de su predecesor, vino acompañada de los buenos resultados y caló entre los aficionados.
Además, el resurgir vino acompañado por otras alegrías y premios como la convocatoria de Miguel de las Cuevas, además del propio Sisi, para la selección sub-19.
En cinco partidos, el equipo pasó de estar en mitad de la tabla en la jornada vigésimo primera a entrar en puestos de promoción en la vigésimo sexta, situación que ya no abandonaría hasta final del campeonato. Pero aún quedaba lo más difícil, la promoción.
El resultado del nuevo sistema de promoción de ascenso suponía toda una incógnita pero, finalmente, también acabó por ser una bendición para un equipo con hechuras de campeón.
Los herculanos superaron en la primera eliminatoria al Ceuta, tercero del grupo IV, y, tras doblegar al Alcalá, certificaron su ascenso a Segunda División siempre acompañados de una ingente delegación de aficionados, que sirvieron de sustento al equipo en sus desplazamientos. EFE
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