Berlín, 20 jun (EFE).- El paraguayo Nelson Haedo Valdez luchó por el orgullo, por no abandonar su primer Mundial sin punto alguno y, en un partido en el que otros desprecian, cuando la mayoría piensa en el viaje de regreso, volvió a poner todo su esfuerzo sobre el terreno de juego.
Arrastrado por la triste trayectoria del conjunto albirrojo, Nelson, que es Haedo para los paraguayos y Valdez para los alemanes (y por extensión para los europeos) no ha podido exhibirse como quería en el país donde ha desarrollado toda su carrera.
Porque la historia del delantero paraguayo es la más increíble de todos los jugadores del Mundial. Haedo no llegó a Europa porque destacase en Paraguay, donde ni siquiera era conocido.
No era más que el ídolo del Atlético Tembetary, un modesto equipo aficionado de la ciudad de Ypané, hasta la que llegó en viaje de negocios el presidente del Werder Bremen, Jürgen Born.
A Born le impresionó el juego del delantero guaraní y le propuso hacer una prueba. Sin experiencia en el fútbol profesional, Nelson Haedo viajó a Alemania, se hizo con un sitio en el conjunto aficionado y, poco después, pasó a la primera plantilla, desde donde se ganó un nombre para regresar como internacional a su país.
En Alemania, en el torneo en el que había puesto todas sus esperanzas, Nelson Haedo Valdez no ha podido estrenarse como goleador, pero dejó su orgullo, su intento por no irse de vacío del Mundial. EFE
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