Guadalupe. En esos juegos en los que las emociones se comprimen en el pecho y sirven como fuerza de inspiración; en esos partidos en los que al pasar los minutos se conoce menos el desenlace y cada pelota se disputa como si fuera la última... en esas disputas no se pueden cometer errores.
La imagen final del encuentro entre guadalupanos y sureños describe los sentimientos que los actores evitaron y buscaron durante todo el juego. En la gramilla del Coyella Fonseca hubo llanto, de impotencia y de júbilo, de preguntas y respuestas.
En el decisivo partido, los de casa tomaron la iniciativa y con mejores trazos pusieron a trabajar a la defensa pezetera . Los visitantes, más con idea que con esfuerzo, buscaban la manera de contener la pelota, pero su intención se veía cortada por el buen trabajo de los guadalupanos.
El primer tiempo se dividió, obligadamente, en tres partes, según se comportaron las cosas en la cancha. El primer cuarto de hora fue de estudio y temor por parte de ambos equipos; después Goicoechea tomó la iniciativa pero no con la profundidad necesaria. En los últimos 15 minutos todo se hizo en mediacancha, sin mayor trascendencia para los arqueros.
Los guadalupanos, antes del descanso, perdieron a su hombre insignia en la delantera, Alessandro Moreira, quien por lesión abandonó el juego y con él los de casa extraviaron el camino más cercano a la red.
Emociones paralelas
Al comienzo del complemento, los generaleños anunciaron tímidamente lo que vendría en el cierre del cotejo. Las jugadas protagonizadas por Marvin Chinchilla estuvieron cerca de asustar a Vindas, pero nada más.
Al acercarse el minuto 60 de juego, la afición local despertó de su letargo y con el "Goico, Goico", alentó a sus jugadores. Esta imagen sirvió de presagio para la apertura del marcador.
A los 61í, Alexánder Vargas se internó en el área, quitó una marca y remató rasante; Rónald Sequeira atinó a despejar, pero aprovechó el oportuno Jorge Loría para abrir un camino de esperanza a los guadalupanos: 1 a 0.
El gol, además de la momentánea alegría, provocó olvido en los jugadores guadalupanos, olvido de cuál era el camino que los había llevado a conseguir la ventaja y después del tanto se echaron atrás.
Pérez, desconcertado pero consciente de que el gane era el único camino, buscó el gol del empate. Su intención estaba más cargada de empuje que de ideas, hasta que encontraron la llave.
A falta de nueve minutos para el final, Jimmy Yusseps cambió la trayectoria de un tiro de esquina cobrado por Géiner Segura, Vindas salió sin sentido y la bola se coló en la red local; empate y festejo.
En un agónico final, el premio llegó para el que se acordó de que los partidos son de 90 minutos. Pared entre Myers y Jesús Bustos, centro de este último al corazón del área, y elegante definición de Elmir Castillo bajó la pelota con el pecho, se quitó un rival de encima y anotó con toque raso provocó la locura en el bando visitante.
La imagen del final lo dice todo: Goicoechea sumido en un sentimiento de amargura que intentó evadir y Pérez Zeledón abrumado por el júbilo cargado de lágrimas y cánticos.