La fábula siempre tiene el mismo desenlace: cuando el ratón muestra miedo, el gato -especialmente si es fogueado- no tiene grandes dificultades para hacerse de la presa.
Incluso, puede ser que el felino encuentre algunos escollos, como que el roedor busque complicarle la faena con máximas precauciones defensivas o que un infortunio le impida contar con todas sus fuerzas.
El gato buscará el momento oportuno, el movimiento certero y el sablazo inmisericorde.
Ayer Saprissa recordó la historia. Tenía al frente a un Pérez Zeledón más preocupado en cerrar portillos y, para tuerce, a los 2 minutos fue expulsado el portero Erick Lonnis. Pero, aun así, como gato viejo, cazó al tímido ratón y salió con victoria de tres goles por cero, en el regreso a su estadio.
En la balanza, entonces, los morados fueron consecuentes con su parte en el espectáculo, mas los generaleños no solo quedaron en evidencia como practicantes de antifutbol, sino que tampoco consiguieron el objetivo: un resultado decoroso.
Quizá esta esa una lección irrefutable de por qué a algunos equipos se les llama pequeños. Aquellos que no tienen más miras que hacerle frente a cada partido sin padecer irreversibles, que saltan a la gramilla con el único objetivo de destrozar el juego rival, con una marcación hombre a hombre.
En este sentido, conviene revivir la polémica: ¿Tiene sentido que en nuestra Primera División haya equipos con objetivos tan estrechos?
Y no es que Pérez Zeledón esté ayuno de buenos jugadores. Dio la impresión, más bien, de que el planteamiento esgrimido ayer por el técnico Guillermo Guardia no calzó con las exigencias del encuentro.
Cuidados extremos
Está de Dios que los planteles chicos guarden ciertas garantías defensivas cuando visitan a los "grandes", pero un cerco defensivo, marcaje a estampilla, pelotazos en busca de un veloz Táylor Morales, cero riesgos y total destrucción cuando los morados intentaban dominar, esa fue la consigna dictada desde el banquillo sureño.
Así, no solo no se construye nada, sino que es sembrar vientos para cosechar tempestades.
La única opción que produjo este esquema fue al minuto dos, cuando Morales corrió -cuánta velocidad que puede ser utilizada para cosas más nobles- tras un balón, y Lonnis salió de su área en procura del achique.
Cuando el delantero remató a marco, el balón pegó en el brazo izquierdo del portero. Rodrigo Badilla sacó la tarjeta roja, decisión ajustada a la letra del reglamento, mas no al espíritu del espectáculo.
No hay duda de que hubo contacto entre brazo y bola, pero también es cierto que Lonnis no pretendió jugar con su mano, sino que, al resbalar en la acción, sobrevino el trance.
Pero lo extraño es que Guillermo Guardia no reaccionó en consonancia con la nueva realidad y mantuvo la misma partitura. Guimaraes hizo algunos cambios, especialmente en el mediocampo y recompuso su equipo para hacerle frente a la inferioridad numérica.
Continuaron, entonces las parejas: Fajardo - Sequeira, Fernández - Myers, Gamboa - Gérald, Navarrete - Fonseca.
Para romper este sistema, Saprissa echó mano a un recurso que le es aliado: la velocidad de Gérald pues había sacrificado la de Ilama, quien dio campo a Porras en el arco.
Así las cosas, solo era cuestión de tiempo para que llegaran las anotaciones. La primera cayó a los 17 minutos, cuando Wálter Centeno centró desde derecha para que Gérald le robara la espalda a Yussep, controlara y, con globito, venciera al cancerbero visitante.
El delantero morado continuaría con su gran día a los seis minutos del segundo tiempo. Recibió el balón de su hermano, Jervis, quien hizo la distracción, Gérald continuó hasta la línea de fondo y, con el camino al gol cerrado, le regaló el segundo tanto a Alejandro Sequeira.
Para rematar su buen desempeño, logró el cierre a los 69 minutos, cuando enderezó un centro de Rándall Row para su segundo gol, el tercero de los morados.