
Durante el amistoso del pasado viernes entre Jordania y Costa Rica, en la acción de penal cometida por Jeyland Mitchell al minuto 47, se vio una imagen curiosa.
En la transmisión del partido se enfocó a Fernando “Bocha” Batista y a su cuerpo técnico, que estaban con la tablet para el análisis de video, observando la jugada de penal cometida por el zaguero nacional.
¿Pero sale a flote la pregunta de qué hacen dispositivos electrónicos en los banquillos en el fútbol moderno y cuáles son las limitaciones?
Este suceso despierta una interrogante común entre la afición: ¿cuál es la función real de estos dispositivos en los banquillos y qué limitaciones reglamentarias enfrentan?
Alexander Hidalgo, videoanalista en clubes y en la Fedefútbol, explicó a La Nación que esta herramienta dejó de ser un privilegio para convertirse en una prioridad.
“Desde hace varios años, el análisis mediante video es fundamental a nivel mundial. En Europa, Estados Unidos y México ya no es un lujo, sino una necesidad. En nuestro país, esta disciplina ha evolucionado y los clubes locales también la han adoptado como un requerimiento básico”.

Según Hidalgo, “el uso de tabletas en el banquillo es una herramienta para corregir movimientos tácticos propios y del rival que, a nivel de cancha, no se aprecian tan bien como desde la perspectiva a la altura de grada”, añadió.
Hidalgo detalló que el balompié contemporáneo emplea diversas metodologías de videoanálisis, “la opción de la transmisión en vivo del partido corrido como tal, donde es el caso puntual que está usando el cuerpo técnico. Uno, en el banquillo, ve la acción por un tema de duda de alguna acción o decisión arbitral, pero no es relevante porque no se puede comentarle al cuarto árbitro sobre la acción”.
Por otro lado, existe otra metodología que se emplea actualmente en las zonas técnicas del fútbol denominada análisis en directo: “Este se utiliza para retroalimentar al banquillo con videoclips cortos para corregir en el partido sobre situaciones concretas tácticas”, señaló Hidalgo.
Ahora entra en la discusión si existen restricciones en el ámbito reglamentario respecto al empleo de herramientas tecnológicas. Según el analista arbitral Greivin Porras, en declaraciones brindadas a este medio, “el mundo ha cambiado y ya los cuerpos técnicos utilizan sus tabletas para observar las repeticiones; eso está bien, pero lo que es incorrecto es que aprovechen esos recursos que tienen a mano para ir a protestar. Eso es lo que no está permitido; ellos tienen que acatar la decisión del árbitro”.
Porque hay que recordar que hace poco hubo un antecedente en el partido entre Herediano y Alajuelense (2-1) con estas mismas imágenes, cuando el entrenador de porteros del Club Sport Herediano, Miguel Segura, le reclamó al árbitro Josué Ugalde durante el compromiso. Se vio la insólita imagen de Miguel, con el teléfono en mano, pidiendo airadamente al silbatero que viera la jugada en el celular y que fuera a verla en el VAR. Luego, esa acción le costaría la tarjeta roja al exguardameta, por su reclamo contra el árbitro y por utilizar un teléfono.
Asimismo, Porras explicó que Segura resultó expulsado porque “enseñó el aparato protestando a los árbitros; por eso lo sancionaron. Si él observa la acción en el teléfono sin reclamar, no habría pasado nada”.
La International Football Association Board (IFAB), organismo encargado de definir, modificar y supervisar las reglas del juego a nivel mundial, aclara en su reglamento que se permite el empleo de sistemas tecnológicos por parte del cuerpo técnico, siempre que se enfoquen exclusivamente en el bienestar y la seguridad del deportista, o por razones tácticas y de instrucción.
Para el fútbol moderno, el uso correcto de los dispositivos electrónicos puede corregir un sistema defensivo y ofensivo, pero un uso indebido, como se ha evidenciado recientemente, solo conduce al vestuario anticipadamente.
