
Lo que se está viviendo en Noruega en las últimas horas se traduce en una auténtica histeria colectiva que amenaza con paralizar por completo al país este sábado, cuando Erling Haaland y sus compañeros se enfrenten en cuartos de final del Mundial 2026 contra Inglaterra, que será a las 3 p. m. (hora de Costa Rica).
Tras la histórica e increíble victoria contra Brasil, el “Efecto Haaland” ya alcanza dimensiones de otro nivel, obligando a las autoridades a activar planes de emergencia para mantener la seguridad y el orden entre la multitud.
Noruega padece una fiebre consumista que ha dejado los comercios hasta sin las camisas oficiales de la Selección y por supuesto que nadie se quiere perder lo que para ellos es como el partido del siglo contra Inglaterra.
La locura comenzó a desbordarse tras el pitazo final contra Brasil. Según datos oficiales revelados por el medio VG, una marea humana de más de 100.000 personas colmó el centro de la capital para celebrar lo que ya se considera la victoria más grande en la historia del fútbol noruego.
Pero lejos de ser un festejo aislado, el gobierno ya toma previsiones ante lo que pueda pasar este fin de semana, porque esa afición que rema y rema junto a su Selección se tirará a la calle para ver el partido en multitud.
Las autoridades noruegas preparan un megaoperativo sin precedentes, pues habrá cortes totales de tránsito, refuerzos masivos en el transporte público y un despliegue de emergencia que incluye a policías, bomberos, ambulancias y Cruz Roja para resguardar a esa masa de hinchas que promete inundar las calles de nuevo.
Incluso el Fan Fest oficial tuvo que ser trasladado a un predio gigante de última hora y las entradas volaron, se agotaron rapidísimo.
Para el partido como tal que será en Miami pasó exactamente lo mismo. Las entradas para el juego de cuartos de final entre Inglaterra y Noruega, desaparecieron de forma literal en cuestión de segundos.
Eso provocó la caída masiva de los servidores por la cantidad de usuarios desesperados que intentaban ingresar al mismo tiempo.
Solo unos pocos afortunados lograron pescar boletos de rebote cuando se liberaron reservas caídas. La fiebre por estar en el estadio es tan alta que las aerolíneas han tenido que programar vuelos chárter de emergencia hacia Estados Unidos para trasladar a miles de noruegos.
Pero la crisis no es solo de boletos. Si usted sale a caminar por las calles de Noruega a buscar la camiseta oficial de la Selección, la respuesta será la misma en todos lados: “No hay”.
Las prendas se agotaron luego del partido contra Brasil y hasta la propia marca Nike admitió que la demanda superó cualquier previsión lógica y confesó que es casi imposible aumentar la producción en plena Copa del Mundo.
Ante el desabasto y los pedidos récord reportados por la Federación Noruega, el mercado negro ya está haciendo de las suyas, y la reventa de camisetas está alcanzando precios impensados.
La marea de orgullo nacional escaló hasta lo más alto del poder. La mismísima realeza se contagió de la fiebre mundialista que invade a Noruega.
El diario Aftenposten confirmó que el príncipe heredero Haakon Magnus, quien ya fue visto celebrando de manera espontánea con la gente a las afueras del Palacio Real tras el triunfo ante Brasil, dejará sus funciones oficiales por unos días para tomar un avión rumbo a Miami.
El heredero al trono estará en el palco apoyando al equipo en lo que promete ser un día histórico.
Noruega entera está paralizada, la locura es total, y todo el planeta tiene los ojos puestos en lo que Erling Haaland y sus compañeros puedan hacer este sábado. ¿Hazaña o final del sueño? Los vikingos quieren seguir remando.

