
La polémica decisión de la Federación Internacional de Fútbol (FIFA) de retirar la sanción al delantero estadounidense Folarin Balogun lo habilitó de última hora para enfrentar a Bélgica en los octavos de final del Mundial 2026. Aunque la medida desató fuertes críticas, el uso de este criterio discrecional no es una novedad en la historia de la competición.
El precedente de Cristiano Ronaldo
El astro portugués Cristiano Ronaldo recibió un beneficio similar en el pasado reciente. Durante un partido entre Portugal e Irlanda por las eliminatorias europeas, el atacante fue expulsado tras propinarle un codazo sin balón al defensor Dara O’Shea. Si bien el Código Disciplinario de la FIFA estipula una sanción mínima de tres encuentros para este tipo de agresiones físicas, el organismo optó por una vía alternativa.
Apoyándose en el polémico artículo 27 del Código Disciplinario, la FIFA suspendió el castigo completo, permitiendo que la estrella lusa compitiera sin inconvenientes en la Copa del Mundo. Al final, el organismo solo obligó al atacante a cumplir un partido de suspensión frente a Armenia en la última jornada clasificatoria, dejando las dos fechas restantes condicionadas a su comportamiento.
¿Qué dice el artículo 27? Este apartado permite suspender total o parcialmente una medida disciplinaria, siempre y cuando el sancionado se someta a un período de prueba de uno a cuatro años. Si el infractor comete una falta similar durante este lapso, la sanción original se ejecutará de inmediato y sin perjuicio de los nuevos castigos.
Chile 1962: El día que la política salvó a Garrincha
Balogun y Ronaldo no son los únicos casos en el historial de indulgencias de la FIFA. El antecedente más remoto y célebre se remonta al Mundial de Chile 1962 con el brasileño Garrincha, quien fue expulsado en la semifinal ante el conjunto local tras propinarle una patada al futbolista Eladio Rojas.
En teoría, la tarjeta roja (aunque en ese momento aún no se usaban las cartulinas) marginaba automáticamente al extremo sudamericano de la gran final. Sin embargo, el Gobierno de Brasil movió rápidamente sus hilos políticos, logrando incluso que el propio presidente de Chile, Jorge Alessandri, presentara una petición formal de clemencia. Ante la enorme presión diplomática, la FIFA reconsideró la medida y permitió que Garrincha jugara —y ganara— la final contra Checoslovaquia.

