
Puntarenas. El Puerto, que jugaba en marea baja, desató un arrollador tsunami de cuatro minutos. La incontenible corriente inundó el área saprissista y arrasó con la endeble zaga morada en un abrir y cerrar de ojos.
Hay equipos que batallan hasta más de 90 minutos y se van con las manos vacías.
Otros, como este Puntarenas de ayer, solo necesitan un breve período de lucidez para aprovechar libertades, hacer daño y dejar al rival contra las cuerdas.
La ráfaga de ametralladora, entre el minuto 25 y el 29, hirió de muerte a Saprissa.
El resto del juego pareció casi intrascendente a la par del decisivo lapso: ambos equipos jugaron 60 minutos con la historia ya escrita.
Todo lo que hicieron los morados con el 0-3 en su contra fueron los habituales gritos de auxilio de quien se está ahogando.
Hubo un gol por ahí, apenas anecdótico, que no logra disimular la paliza.
El Puerto, en tanto, se dedicó a vivir entre lujos, gracias al exagerado botín de aquellos cuatro minutos volcánicos.
Porque no lo hacían tan mal los tibaseños, hasta que el partido dio un vuelco total antes de la primera media hora.
Es más, las llegadas del equipo visitante en aquel período inicial parecían anunciar que Saprissa, por fin, era capaz de hacer un partido decente en el estadio Miguel Ángel Lito Pérez, de Puntarenas.
Mas, de nuevo sus atacantes llegaron con la mirilla desviada. Y tal debilidad, combinada con los tremendos despistes en la defensa, propiciaron el tsumani naranja de gran magnitud.
Marea alta. Kurt Bernard dormitaba en la mitad de la cancha. Criticado hasta por su afición, el goleador tardó en mostrarse, como si este no fuera su partido.
El resto del ataque porteño también era peso muerto en las primeras de tanteo. El duelo se jugaba en la otra área, todo el peligro se concentraba en la meta del portero beliceño Shane Orio, quien defiende la cabaña de los chuchequeros.
Hasta que, en una acción de relámpago, Bernard tocó para el brasileño Jorge Barbosa, justo frente al área en el carril de alta velocidad. Y quedó claro por qué a esta veloz delantero le dicen La Flecha .
Bien se afirma que en cada gol hay virtud del anotador y error de los zagueros. Ante la habilidad de Barbosa, la pasividad de su celador, Gabriel Badilla.
Igual ocurrió en las otras dos anotaciones puntarenenses: acuciosidad de Mario Camacho y de Kurt, pero exceso de libertades de Víctor Cordero, Jervis Drummond y demás defensores morados.
Decir que Saprissa fue un equipo permisivo en la retaguardia no es demeritar la victoria naranja.
Tales despistes llegaron porque siempre hubo un Jorge Barbosa, un Kevin Sancho o un Kurt Bernard respirando en la nuca y forzando al contrincante al error.
El gol de Kurt, además, vale la pena dejarlo en la videoteca: remate sin ángulo tras burlar al arquero saprissista, José Francisco Porras.
Lo que ocurrió a partir de ese entonces fue una reacción desesperada de los morados, una serie de intentos estériles.
Solo una excepción: el cabezazo de Pablo Brenes que significó el descuento morado.
Entre llegada y llegada, Puntarenas tanteaba la posibilidad de abrir un nuevo boquete en la zaga del equipo local.
Los tres puntos eran suyos, solo era cuestión de disfrutar y montar algo de carnaval.
El 3-1 final echa gasolina al fuego de los últimos malos resultados del conjunto saprissista.
Claro, el equipo campeón nacional no está acostumbrado a estos bajonazos, y el actual se está prolongando más de la cuenta.
Dirán los integrantes del cuadro morado que el conjunto juega bien, pero lo cierto es que los marcadores no se están dando.
Sin duda, ligar un par de pases y algún remate por ahí dan la sensación de buen futbol, pero ganar dos puntos de 12 en disputa comprueban que el cuadro tibaseño no goza de muy buena salud.