11 noviembre, 2010
Pantalla completa Reproducir
1 de 5

Si el seleccionador Ricardo La Volpe fuese a los estadios (algo que dice, no le gusta) y asistido al Ecológico, ampliaría su lista de críticas hacia el futbol costarricense.

El argentino señaló que en vez de ir hacia adelante, el jugador tico retrocede, que los pases son casi siempre para atrás, que el futbolista corre más que el balón, que se esconde en lugar de mostrarse, que los pases son comprometidos o muy lejos del receptor y que no hay servicios de primera intensión.

Tras ver el empate a dos goles entre la Universidad de Costa Rica y Santos, se pueden agregar algunos elementos que hacen del balompié tico un futbol atrasado.

Los jugadores se amontonan en un espacio reducido, muy cerca del centro de la cancha.

Se abusa en la conducción de la pelota, hay miedo a rematar de larga distancia, no hay cambios de juego de un costado a otro.

Dominan los pelotazos sin sentido en lugar de un contragolpe bien planificado y mejor ejecutado.

Y encima de todo este panorama desolador, el árbitro ayudó a estropear el espectáculo, pues Henry Bejarano no señaló faltas claras (un penal evidente a favor de Santos al minuto 23) y en otras ocasiones se “inventó” infracciones al reglamento. En fin, el silbatero abusó con el conocido “peligro de gol”.

En fin, un partido feo desde la perspectiva táctica, malo como espectáculo e invivible como exposición de arte futbolístico.

La UCR llegó con el ánimo –al menos en el papel– de sumar tres puntos para que, en el torneo de Verano, le ayude a salir del último lugar general y evitar el descenso.

Santos estaba comprometido con la victoria para asegurar su clasificación a la segunda fase del torneo de Invierno 2010.

Pero el juego fue trabado, con dos equipos que no querían ceder, que no deseaban tomar la iniciativa y que preferían que el otro atacara para buscar el contragolpe.

El empate fue el justo resultado de un juego que convocó , si acaso, a unos 250 aficionados.

La UCR arriesgó al final y tuvo, al menos, tres ocasiones de anotar (dos para Kendall Waston y una de Minor Díaz), la verdad es que durante el encuentro jugó de calculador e hizo caso omiso a su condición de local, lo que le obligaba a asumir mayor protagonismo. ¿De qué vale hacerlo en los últimos minutos?