21 diciembre, 2010
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Alajuelense se convirtió el domingo en el digno campeón del Torneo de Invierno , un cetro que no siempre llega al equipo que mejor hace las cosas.

La particularidad de los campeonatos cortos le da la potestad a cuadros de inferior desempeño de adueñarse del trofeo con apenas los méritos justos; este sin embargo, no es el caso de los manudos.

A lo largo del certamen demostraron ser uno de los cuadros más sólidos y eficientes que el decaído balompié costarricense ofrece.

Basta con que ver los números erizos para saber que, en esta oportunidad, la justicia del futbol sí estuvo presente en la final.

No es una cuestión de colores, el campeonato debería ser siempre para el más regular, en este caso, para un equipo que se llenó de atestados antes de subir al podio.

Ganó 14 encuentros de 22 disputados y solo perdió dos, sellando así un rendimiento del 72.7%, el mejor que hasta la fecha haya logrado cualquier club tico bajo el actual formato de competencia.

Fue también el conjunto más goleador con 41 dianas y el menos vencido, con solo 18 goles concedidos por la que en la actualidad es una de las defensas más eficientes que posee nuestro balompié.

La combinación de juventud y experiencia en todas sus líneas es una de las cosas que supo explotar el técnico Óscar Ramírez, llegado para este torneo y convertido nuevamente en uno más de la casa.

El éxito del Macho recae en gran medida en la capacidad de adaptarse y continuar con un proceso que empezó en los tiempos del argentino Marcelo Herrera, allá en 2008 cuando la dirigencia dio golpe de timón y decidió apostar a la cantera por sobre la cartera, un objetivo temerario y desconocido para uno de los “equipos grandes” de este país.

Ese atrevida apuesta originó lo que hoy se etiqueta como éxito, pues de los 23 jugadores que vistieron la camiseta rojinegra 11 son producto de las ligas inferiores, seis de ellos titulares indiscutibles.

Pero los méritos de Alajuelense no se acaban ahí, su título representa el esfuerzo de una institución por encaminar un trabajo integral y por sentar las bases en lo que a una economía estable se refiere.

A lo largo de estos años la Liga eliminó los inflados salarios, aligeró su planilla, mejoró en infraestructura, saneó (y sanea) sus finanzas en temas de deudas y ahora también respira en lo deportivo.

Los cinco años de fracasos que separan un título del actual sirvieron a los dirigentes para replantear decisiones y trazar nuevos horizontes, el proceso, aunque largo, brindó su primer fruto el domingo, y pareciera que se mantendrá fresco en los años venideros.